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“Me siento engañado por Cercas”

El protagonista de 'El impostor' pasó décadas fingiendo haber sido prisionero en Mauthausen

Enric Marco, en los estudios de la Cadena SER.

"No es un mentiroso, sino un delirante". Juanjo Millás procura disculpar al protagonista de El impostor, la última obra de Javier Cercas, cuyo personaje ha estado, esta mañana, sentado frente a los micrófonos de Hoy por hoy con Gemma Nierga. Enric Marco tiene 93 años, de los cuales pasó parte representando a los republicanos españoles que lucharon en la Segunda Guerra Mundial y fueron enviados a los campos de concentración del nazismo. Con la peculiaridad de que nunca fue uno de ellos, sino que fingió haberlo sido; y de ahí que el escritor cacereño quisiera plasmar su historia. "Me siento engañado por Cercas", ha revelado hoy el barcelonés, descontento con el relato que ha encontrado en el libro.

Marco nació en 1921, pero bromea en torno al día concreto en que vino al mundo. Desde que, bajo los embates de un historiador, reconoció que todo era mentira, se permite contar que su primer día de vida fue un 14 de abril. O no. "Fui un impostor y, hoy, veo cómo se cuentan más mentiras sobre mí de las que yo conté nunca", relata este protagonista. No tolera que se intuya ánimo de lucro en las historias que contó, así como enumera las ocasiones en las que se le ha acusado de tener propiedades de las que, reitera, carece. Sin embargo, Millás prefiere la parte de su vida que acabó, negro sobre papel, componiendo un libro: "Por fin entrevistamos no a un escritor, sino a su personaje".

Hablar del cara a cara que Marco mantuvo con el autor es otra cosa. En la recomposición que Cercas ha realizado de su vida, esta comienza en el manicomio en el que su madre le dio a luz. De ahí, una peripecia que quizá justifique que el personaje inventara su propia historia. Y mientras este protagonista desdoblado niega que acabara creyéndose sus propias mentiras, Millás insiste en su locura: "La terapia es dejar que el delirio ocurra. Al leer esta obra descubrimos a un infeliz. Crear toda esta vida paralela le ayudó a sustituir una existencia miserable". Con todo, El impostor no se queda en la historia de Marco, sino que reflexiona sobre las mentiras colectivas y la necesidad de sentirnos admirados que late en todos nosotros.

Una farsa que conquistó el Congreso

La peripecia de este hombre llegó a hacer llorar, con sus palabras, a Carme Chacón: a principios de 2005, era una más de las diputadas socialistas que escuchó su relato durante unas jornadas parlamentarias. Pocos meses después, la inconsistencia de aquella historia que él contó con pelos y señales ante sus señorías le delataba. Sin embargo, su credibilidad no partía del todo de la inventiva: él estuvo en el campo austríaco de Mauthausen, aunque como trabajador y no como refugiado.

Marco admite que nunca reveló la verdad a sus amigos debido a la vergüenza, aunque sus allegados no le guardan rencor. "Vi las cárceles y a la gente que estaba allí. Les advertía de lo que les iba a ocurrir cuando me enteraba de algo. Fue esa legitimidad, la de haber estado allí, la que me permitió después contar historias. Y fueron un instrumento necesario. ¿Quién me hubiera escuchado si no hubiera encarnado a ese personaje?". A la imaginación queda hasta qué punto su relato cinceló la ley de Memoria Histórica, aprobada dos años después en el mismo lugar en el que él recitó sus palabras.

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Cadena SER

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