ROCÍO ORSI

La filosofía de una sonrisa imparable

La luz de esta académica se apagó hace poco, pero sigue inspirando a quienes la conocieron

Rocío Orsi, junto a su hijo Carlos, en Nueva York. /

Quizá no muchos la conocían. Quienes lo hacían, se quedaron con su huella. El pasado 29 de noviembre se marchaba una teórica muy querida en el mundo académico. La filósofa Rocío Orsi se despedía de su marido y sus dos hijos; al tiempo, ponía fin a una lucha de un año contra el cáncer en la que esta madrileña de 38 años nunca perdió la sonrisa.

Con allegados como su hermano Enrique, la conversación se desliza hacia aquellos gestos de lo personal que la encumbraban a la categoría de lo inolvidable. Sobre el papel, de igual manera, su trabajo fue abundante como autora, colaboradora y editora, hasta el punto de que, durante su dolencia, acabó dos obras: La economía a la intemperie, que verá la luz en febrero y escrita junto a su pareja, Andrés González, y La guillotina del poder, a medias con su compañera de despacho en la Universidad Carlos III de Madrid, Laura Branciforte.

Estas dos piezas se suman a su estudio sobre Sófocles, El saber del error, así como a la larga introducción que realizó para el desembarco en España de la obra de Herbert Butterfield, muy alabada por su maestro, Antonio Valdecantos. Son trabajos que compaginó con su labor como traductora, investigadora y, sobre todo, como profesora: tal y como describe el alumno Benito Sánchez, en sus clases sobre historia de la filosofía o sobre la teoría de las paradojas, la cercanía y la naturalidad eran las grandes protagonistas. Su vitalidad contrastó con la dolencia como su humildad había marcado tendencia en una academia acostumbrada a la vanidad.

Cuadro que Maite Sanz creó para la familia de Rocío Orsi y Andrés González.

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