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Milenio 3: Noche lúgubre

Un viaje en el tiempo para redescubrir a algunos personajes que fueron los precursores del amor por lo oscuro.

El 7 de octubre de 1849 falleció en la ciudad de Baltimore uno de los grandes genios de la literatura mundial: Edgar Allan Poe. Desde ese mismo día, ha habido decenas de teorías sobre la causa y las misteriosas circunstancias de su deceso. A estas, en los últimos tiempos, ha venido a sumarse una especialmente inquietante: Edgar Allan Poe fue víctima de un complot urdido por sus enemigos.

La sombra del vampiro

Durante la etapa en que Bram Stoker escribía Drácula, su mujer, Florence Stoker, aseguró estar muy asustada porque su marido parecía poseído por el espíritu de la obra.

El escritor murió años después creyéndose acechado por el vampiro desde las sombras de su humilde alcoba. Sin embargo, poco se ha hablado de todos los actores y espectadores que también parecieron consumidos por las fauces del vampiro.

Repasamos algunos de los casos más desconocidos; desde el actor Courtney White hasta Bela Lugosi, que después de interpretar a Drácula durante años terminó sus días encerrado en casa por miedo a la luz del sol.

Las Noches lúgubres de José Cadalso

Para muchos estudiosos de la literatura española José Cadalso fue el precursor del Romanticismo en España. Fue muy comentada en su día una leyenda macabra que relaciona un episodio luctuoso de su vida con el desenterramiento del cadáver de su amada, la actriz María Ignacia Ibáñez. Dicho episodio habría quedado reflejado en su obra Noches lúgubres, pero ¿qué hay de cierto en todo ello?

Las muñecas parlantes de Edison

En 1890, Thomas Alba Edison inventó unas muñecas parlantes cuya producción fue un auténtico fracaso. Dotadas de un fonógrafo que se activaba con una manivela que tenían en la espalda, las muñecas cantaban una nana que aterraba a los niños que las poseían.

Ahora, Robin y Joan Rolfs, propietarios de dos de estas muñecas, han conseguido reproducir y captar su vieja melodía…

La niña negra

Hace unos días, Stephanie acudió a visitar a su abuela a la residencia de ancianos donde se ocupan de su cuidado. Todo marchó de forma normal hasta que las enfermeras le relataron las extrañas visiones que su abuela tenía.

Siempre a la hora de cenar, la anciana miraba a un largo pasillo y señalaba con un dedo mientras decía: “La niña negra”.

Stephanie podría creer que se trata de un efecto propio de los medicamentos, si no fuera porque estos episodios coinciden siempre con un hecho luctuoso en el edificio…

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