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"Me llamó desde el aeropuerto. Me pasé llorando toda la mañana"

El testimonio de Christianne Bodreau, madre de un joven canadiense captado por el Estado Islámico.

Un reciente artículo del New York Times basado en diversos informe de la inteligencia estadounidense elevaba a 4.500 los combatientes del Estado Islámico procedentes de países occidentales. Jóvenes que viajan a los campos de entrenamiento de la organización terrorista para luego saltar a Siria y, si tienen suerte, volver a sus países de origen pero ya radicalizados. Una realidad que se analiza tras los atentados de París y Bruselas pero que no siempre responde a un perfil determinado.

Damian era canadiense… Un joven brillante y feliz, cuenta su madre, pero que cayó en la depresión durante la adolescencia. ¿Qué pasó por su mente para preferir el viaje a la guerra que le proponía el Estado Islámico que quedarse con su familia? Esa es una pregunta que su madre, Christianne Boudreau, quiere comprender y por eso ha fundado “Mother for Life”, una organización internacional para el estudio y la acción contra la radicalización de los jóvenes.

Christianne ha compartido con Punto de Fuga la historia del proceso de conversión de su hijo. Algo complicado de detectar en un adolescente como Damian e inimaginable en un país como Canadá, a miles de kilómetros de Siria.

Lleva casi dos años trabajando a favor de la juventud, en contra de su radicalización… todo a partir del caso de su hijo Damien que llegó a luchar en Siria… ¿Cómo era Damian antes de que lo reclutara el Estado Islámico?

Damien cambió mucho desde que era pequeño… Era un chico curioso, brillante, feliz, extremadamente inteligente. Pero cayó en una profunda depresión cuando alcanzó la adolescencia. Y se abrazó al Islam para salir de ella. Recuerdo que tendría 17 años cuando cayó en la depresión y tres años después llegaron a su vida diferentes personas que habían llegado a la ciudad recientemente.

Y esa gente comenzó a introducirle en pensamientos radicales… Yo nunca me dí cuenta de lo que realmente estaba pasando pero notaba cambios en él, cambios graduales.

Pasó de ser una persona tranquila a estar muy nervioso… Él era muy educado, tenía unos valores religiosos muy arraigados y comenzó a ser muy introvertido y a aislarse de la familia. Y yo notaba que él iba cambiando gradualmente hasta que un día me dijo que se iba a Egipto a estudiar… Iba a estudiar filología árabe. Era noviembre de 2012. Tres meses después, pude averiguar que en realidad él había viajado a Turquía y cruzó la frontera hacia Siria.

¿Quiénes eran esos chicos que llegaron a la ciudad y cambiaron la mentalidad de Damian?

No eran de la ciudad. Erán bastantes jóvenes que habían viajado mucho para ir a Irak y Siria. No habían ido todos a la vez sino en diferentes momentos. Todos vivían en bloques de apartamentos que habían alquilado en la misma zona. Rezaban todos juntos y estudiaban el Corán.

Y todos tenían el mismo plan: viajar a Siria para luchar contra Bachar al Assad, al que identificaban con el demonio porque estaba torturando a mujeres y a niños. Estos jóvenes pertenecían a una facción que se fragmentó y se integró en el Estado Islámico.

Es sorprendente que la influencia del Estado Islámico llegue a Canadá…

Es difícil porque nosotros no solemos escuchar en Canadá muchos de estos problemas del mundo y ni nos imaginamos que nuestros hijos pueden querer ir a luchar a una guerra que no es nuestra. Canadá es un país pacífico, no nos pueden acusar de lo contrario… pero parece ser que hay un grupo de personas que se mueven en el país de forma silenciosa.

Dice que usted llegó a notar los cambios en Damien… ¿qué pensaba?

Yo notaba cambios pero simplemente pensé que era una etapa que superaría… Yo no sabía nada de la existencia de esos grupos u organizaciones que reclutan en países como Canadá. No lo podía suponer… Nunca me plantee que se estaba radicalizando en ese sentido. Pensé que era el paso natural de la adolescencia a una edad más adulta y que estaba tratando de encontrarse asimismo. Sólo después, cuando se fue y pude saber en quién se había convertido realmente y comencé a investigar sobre lo que está pasando alrededor del mundo.

Entonces… ¿Cuando se enteró que su hijo iba a viajar a Siria?

No lo supe. Yo pensaba que iba a viajar a Egipto y de hecho me enteré cuando me llamó desde el aeropuerto… Estuve llorando toda la mañana. No supe que se había ido a Siria hasta enero de 2013, unos meses después… Fue un día que los servicios de inteligencia vinieron a verme para informarme de que él había ido a luchar y realmente no había viajado a Egipto sino a Turquía.

¿Cómo fue ese momento en el que los servicios de inteligencia fueron a verla?

Llamaron a mi puerta y comenzaron a hacerme preguntas sobre Damian y a enseñarme fotos de señores, que eran sus supuestos amigos, y me preguntaban si los conocía… y no. No pude reconocer a ninguno de ellos. Y fue cuando me contaron que no creían que hubiera viajado a Egipto sino que lo había estado siguiendo… Llevaba en ese grupo de amigos dos años y ellos pensaban que había ido a Turquía, a una base de entrenamiento, para después cruzar a Siria integrados en la organización terrorista.

¿Volvió a hablar alguna vez con Damian?

No volví a hablar con él hasta finales de febrero de 2013… Llevaba dos meses sin noticias de él. Cuando contactó conmigo pude ver que era un código internacional diferente pero no pude contarle que los servicios de inteligencia habían contactado conmigo… pero yo le pregunté qué hacía en Siria, sabía que estaba allí porque veía el código teléfonico internacional… Él me dijo que había ido a luchar contra Bachar al Assad porque estaba torturando a niños y a mujeres.

¿Tiene la sensación de que los servicios de inteligencia pudieron hacer algo más para evitar el viaje de Damian?

Por supuesto que podía haber hecho más. Nos debían haber contado a la familia cuál era el problema. Si lo sabían desde hace dos años… ¿por qué no avisaron a la familia? Podríamos haber intentado pararle…

¿Qué ha aprendido desde entonces?¿Cómo podemos prevenir la radicalización de estos jóvenes?

Lo más importante en estos momentos es ser conscientes de lo que pasa y que las familias puedan advertir esas situaciones… Con la ayuda de las escuelas, hay que educar a las familias y decirles que hay grupos que reclutan… y que si les hacen caso pueden dejar un impacto emocional en sus familias muy grande. Y enseñarles que esa energía que llevan dentro, y por la que muchas veces se sienten frustrados, pueden reconducirla en energía positiva.

Todo eso en vez de irse con esos grupos porque cuando uno se va con ellos es muy difícil volver.

Lleva dos años en contacto con mujeres que han pasado lo mismo que usted… ¿qué ha aprendido de ellas?

He aprendido que podemos hacer mucho más para hacer una sociedad mejor. Pero hacen falta más apoyos… Es necesario el desarrollo de programas de apoyo para las familias y para los chicos. A veces las familias no se pueden enfrentar a esto solas, necesitan más apoyos.

No sé si ha encontrado respuesta a una pregunta… ¿por qué un joven como Damian lo deja todo para irse a luchar a Siria?

La emoción es la motivación más fuerte para cualquier ser humano. Y si estamos ante una situación de frustración o enfado que nosotros no podemos manejar pueden caer en manos de cualquiera. Los reclutadores son listos. Son inteligentes porque no les dicen a los chicos que van a ir a luchar a la guerraLes hacen sentir bien y amados, les hacen sentir especiales y les dicen que la única solución a la frustración que sienten es irse con ellos. Aunque su vida sea buena… Todos hemos sentido cosas para las que no tenemos respuestas y esta gente se las dan, aunque no sean la verdad.

Usted ha aprendido mucho de la estrategia que sigue el Estado Islámico para reclutar…

Sí… Lo que nos suele pasar a la mayoría de los padres es que intentamos saber qué les ha pasado a nuestros hijos. Nos hacemos muchas preguntas e investigamos. Mantenemos largas conversaciones. Y aprendemos cada vez más porque estamos empeñados en saber qué hizo que nuestros hijos cambiaran. Y echamos horas y horas y horas en ello… Y lo más importante, nos ayudamos los unos a los otros en este camino tan complicado.

En Mothers for Life somos mujeres de 10 países diferentes y nos entendemos porque no nos juzgamos las unas a las otras. Y nos ayudamos entre nosotras para ver qué se necesita y en trabajar con las autoridades para hacer esos programas que se necesitan.

 

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