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LA OPINIÓN DE CARLES FRANCINO

No quiero morir como Dios manda

"Porque dado que la muerte es inevitable, al menos que no tengamos que morir como Dios manda sino como queramos nosotros."

Estoy seguro de que muchos oyentes recordarán la historia de Andrea, aquella niña gallega de 12 años con una enfermedad degenerativa incurable, a quien sus padres querían facilitar una muerte digna para que dejara de sufrir. Bueno, se toparon con un montón de obstáculos....digamos burocrático-ideológicos; eso ocurrió en octubre y provocó un enorme impacto emocional, que es el peor contexto para un debate público, pero ese debate –que en España aún tenemos pendiente- se reactivó. Les recuerdo que la justicia acabó dando la razón a los padres, les autorizó a retirar la sonda y Andrea murió con bastante más placidez de lo que habían sido sus últimos meses de vida.

Hoy traemos a La Ventana una historia también muy triste, aún más dura, seguramente...porque no arranca de una enfermedad sino de unos abusos sexuales, pero que nos devuelve a esa casilla de salida sobre qué hacer con la eutanasia y la muerte digna, que ya sé que no son exactamente lo mismo. Resulta que en Holanda –los hechos ocurrieron hace meses pero se han conocido ahora- una joven veinteañera obtuvo permiso para ser sometida a eutanasia porque no consiguió recuperarse de los daños sicológicos provocados por los abusos que había sufrido entre los cinco y los quince años. Le pasaba de todo: tenía depresión, anorexia, alucinaciones, tendencia a autolesionarse, etc, etc.... En resumen: desastre de vida, con la que ella quería terminar; y lo consiguió....¡¡¡con apoyo legal!!!

La noticia genera controversia, como es lógico, porque es la primera vez que se otorga una eutanasia no por motivos de deterioro físico, sino síquico. Pero más allá de la historia concreta, de este caso –que luego comentaremos-, yo creo que es imprescindible, urgente ya, afrontar este asunto de una vez por todas. Llega la campaña electoral, es el momento de los compromisos....a ver si en la próxima legislatura va la vencida y lo regulamos. Porque dado que la muerte es inevitable, al menos que no tengamos que morir como Dios manda sino como queramos nosotros. El día que lo consigamos creo que seremos un país mejor; e incluso más felices.

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