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LA OPINIÓN DE CARLES FRANCINO

Maestros en ilusión

"Hoy los profesores se reincorporan a sus puestos; una tarea que, por desgracia, continúa sin el reconocimiento y el respeto -tanto social como económico- que sí se da en otros países."

Hace un par de días, cuando seguíamos el debate de investidura y Rajoy propuso en el Congreso un gran pacto de Estado sobre Educación es cuando acabé de convencerme de que estamos en un bucle. Y de que algunos tienen o muy mala memoria, o una cara más dura que el cemento armado. Me he acordado de ese momento porque el 1 de septiembre es un día muy importante en el calendario educativo; hoy los profesores –y profesoras- se reincorporan a sus puestos; aún sin niños, todavía sin alumnos, pero ya en el escenario donde los próximos meses les espera una tarea de aúpa. Una tarea que, por desgracia, -y hay que repetirlo tantas veces como sea necesario- continúa sin el reconocimiento y el respeto -tanto social como económico- que sí se da en otros países.

Por eso me parece tan oportuna una carta que hoy publica el Huffington Post; la carta abierta de un educador que se estrena este curso como tal. Sus mensajes son muy básicos; a los políticos, por ejemplo, les dice: "dejad de mercantilizar la educación; abandonad la idea de cadena de montaje; abasteced las leyes educativas de pensamiento crítico y cívico; descargadlas de competencia y contenidos". Luego, a la sociedad en general, ante esa frase tan manida de "los maestros tienen demasiadas vacaciones" responde: "venid conmigo el primer día. Manejad una clase de 25 niños; una mañana, sólo una. Después, valorad". A los niños, a sus niños, les promete: "iréis a casa con más curiosidad que deberes". Y por último a sí mismo, a su "yo" futuro, cuando ya tenga un montón de años de experiencia y esté desgastado, se limita a recomendarle "que nunca deje de leer esa carta".

En fin, he de confesarles que me encanta abrir así La Ventana porque toparse con alguien que exhiba tanta ilusión y tanto compromiso es como un chute de vitaminas. Ya sé que los cínicos dirán que es una reflexión ingenua y utópica, pero a mí me parece hermosa y necesaria. Porque sin esa ilusión y sin ese compromiso nadie puede –o nadie debería- ser maestro. Y el resto –todos- podríamos cuidarles para que no se les gasten las pilas.

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