¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

LA COLUMNA DE ALMUDENA GRANDES

Historia comparada

En tiempos de bonanza, la gente de orden no mira hacia los suburbios. Su propio bienestar les induce a pensar que los pobres son unos vagos que merecen su destino

Tal vez la Historia no lo explique todo, pero ayuda a comprender muchas cosas. La victoria de Trump, por ejemplo. En tiempos de bonanza, la gente de orden no mira hacia los suburbios. Su propio bienestar les induce a pensar que los pobres son unos vagos que merecen su destino. Así, poco a poco, van excluyéndoles, convenciéndoles de que sobran en un sistema del que no pueden esperar nada, porque nunca contará con ellos. Hasta que una crisis lo trastoca todo, y en primer lugar, el orden con el que se identificaban todos esos pequeños ciudadanos, orgullosos de su prosperidad, que sucumben de repente a una pobreza que no sólo les hace sufrir. También les indigna, porque no estaba en el guion de sus vidas. Por eso necesitan buscar culpables, inmigrantes, negros, judíos, siempre otros, distintos de ellos.

Así crece el fantasma de las revoluciones. Las barricadas, las hogueras, los manifestantes armados, alertan de un estallido por la izquierda, una rebelión que la crisis hace verosímil. De ese miedo nacen movimientos de extrema derecha que crecen como una espuma sigilosa, simulando identificarse con el orden hasta que rozan el poder. Cuando declaran su ambición de fundar un orden nuevo ya es tarde. Los poderosos de verdad, magnates, banqueros, grandes partidos, comprenden que el sistema está en peligro, que ahora sí necesitan a aquellos a quienes han excluido previamente, pero en los márgenes ya sólo confían en las barricadas y a nadie se le ocurre ir a votar. ¿Se han preguntado alguna vez cómo pudo Hitler ganar unas elecciones? Pues ahora ya lo saben.

Cargando