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'The Crown': así se convirtió la monarquía británica en un espectáculo rentable

La serie de Netflix retrata con maestría y una impecable factura la vida de la reina Isabel II Una aproximación adictiva a la familia Windsor, una marca global repleta de escándalos

Fotograma de la serie de 'Netflix' 'The Crown' con una joven Isabel II y el duque de Edimburgo /

Escucha la sección completa de televisión de 'La Script'

Era una de las ficciones más esperadas del año y no ha decepcionado. Netflix y sus algoritmos seguro que lo tenían estudiado. La historia de la familia real británica, una apuesta segura para dar brillo y variedad a su catálogo. Las bambalinas de la monarquía más famosa del mundo, la historia de Reino Unido y un presupuesto bien holgado. No podía fallar y la crítica ya le ha dado su beneplácito. La primera temporada, con diez capítulos, dicen que ha costado más de 100 millones de dólares y, viendo el resultado, será un producto tan rentable como la propia corona, convertida en una marca mundial para turistas y revistas.

‘The Crown’ tiene previsto narrar todo el reinado de Isabel II. Seis temporadas para más de 60 años en el trono. Sin cortapisas, sin censura, dicen sus creadores. Dos pesos pesados de la industria, un seguro de éxito. Peter Morgan, reputado guionista y dramaturgo, culmina en serie su obsesión por las historias de la monarquía británica. Ya escribió la película 'The Queen' con Helen Mirren en 2006, y también está detrás de la obra de teatro 'The Audience', sobre los despachos semanales de la soberana con los primeros ministros. A él se suma en la dirección de varios capítulos Stephen Daldry, conocido por 'Las Horas' o 'Billy Elliot'. Un despliegue de calidad que completa un reparto de lujo con Claire Foy, Matt Smith y John Lightgow a la cabeza. Cuenta Ted Sarandos, director de contenidos de la plataforma online, que cuando Morgan le llevó el proyecto hace tres años, no se lo pensaron.

En esta primera entrega, nos trasladan a la Gran Bretaña de posguerra con la muerte de Jorge VI y el ascenso al trono de una joven inexperta que tiene que lidiar con las tensiones matrimoniales, familiares y políticas de una época incierta. Una reina de 27 años frente a un anciano y grandilocuente Winston Churchill que se cree el padre de la nación. Una exquisita combinación del culebrón, las intrigas palaciegas, el glamour del té y el retrato de una sociedad a través de su política. Un cóctel que da muchas razones para devorar la serie:

1. El gen ‘cotilla-morboso’. Es indudable la curiosidad que suscita conocer la vida de la nobleza detrás las cortinas y la posibilidad de entrar en Buckingham Palace. Detrás del estricto protocolo, hay personas que sufren, se pelean y quieren ser felices. El lado humano de la realeza.

2. Las tensiones del papel de la monarquía. Su función, su origen y su relación con el pueblo ¿Qué futuro le espera? En la ficción, por ejemplo, choca la visión de la abuela, que cree que la corona emana de Dios, con la opinión del duque de Edimburgo, que apuesta por modernizar la institución y acercarla al pueblo para frenar posibles rebeliones.

3. Las tensiones políticas. La serie integra perfectamente el día a día del Gobierno y el sistema parlamentario. Retrata de manera muy fiel un momento, mediados del siglo pasado, en el que despierta una nueva era con un imperio británico en declive y mientras la política mundial está en horas bajas después de la II Guerra Mundial. Y en estas escenas Winston Churchill se come la pantalla. Alejado y acorralado, resiste. Un personaje apasionante sostenido en unos diálogos brillantes. El actor que lo interpreta, John Lithgow, ha dicho en varias entrevistas que su intención era mostrar al verdadero personaje, lejos de la caricatura que, a menudo, se ha mostrado en muchas ficciones.

4. Las tensiones familiares. Las historias personales y los códigos de la nobleza nos devuelven un poco al mejor Downton Abbey. Del enfrentamiento porque el duque de Edimburgo se arrodille ante su esposa a la necesidad de respetar los deseos de su hermana Margarita. Más escándalos. Sin embargo, a los creadores no les gusta mucho esta comparación con la serie de ITV. Stephen Daldry asegura que la diferencia entre una serie de época y una histórica son los detalles, por ejemplo, al mostrar si el rey dice tacos o el primer ministro tiene problemas con las drogas.

5. Una factura impecable. A todas estas razones hay que añadir el guion -con capítulos redondos directos a la temporada de premios-, la dirección, la ambientación y una deliciosa banda sonora. El presupuesto también se nota en el vestuario. El vestido de boda es una copia exacta del que llevó la soberana británica y se baraja que ha costado 37.000 dólares.

Y más allá de todas las cualidades de la ficción, se encuentra una historia apasionante que camina entre el entretenimiento y el aprendizaje de una época para los más jóvenes. Netflix sabe que la familia Windsor es un emblema británico que ha trascendido a fenómeno global. Una monarquía que un día abrió sus puertas, frente al resto de coronas europeas, y ese gesto derivó en un espectáculo. Giles Tremlett, corresponsal de ‘The Guardian’ en España, explica las claves de este proceso:

¿Por qué existe esa fascinación por la corona británica?

En primer lugar, por ser una de las monarquías con más historia, que se conoce muy bien desde hace muchísimos años, y en segundo lugar, porque en las últimas décadas ha dado mucho que hablar. Eso ha provocado una fascinación global. Y no hay que olvidar que la reina de Inglaterra lo es también de parte de la Commonwealth, del antiguo imperio británico

¿Se ha convertido la monarquía británica en una marca?

Es una marca y se vende como tal. De hecho, cuando hay debates sobre monarquía no o monarquía sí, uno de los argumentos que se suelen sacar es que la monarquía atrae turistas al Reino Unido y, por lo tanto, vale la pena invertir en ella. En los últimos años se han convertido en algo más, básicamente una fuente de noticias para la prensa amarilla de todo el mundo. Y eso, claro, añade a su interés y glamour.

Sigue despertando la misma o más admiración, pero ¿se ha debilitado su imagen?

La imagen de la reina, no de la monarquía como tal, tuvo un bajón importante por todo el caso de la princesa Diana de Gales, pero ha remontado. Ahora es más popular que nunca. También hay una tradición. Cuanto más mayor se hacen los monarcas, más cariño se les coge como una joya nacional.

¿Por qué se hacen tantas series y películas de la monarquía? Aquí no estamos acostumbrados…

Por los años 70, se invitó por primera vez a las cámaras de la BBC a entrar en palacio. Nunca antes se había hecho. Se intentó hacer un retrato íntimo de la reina y, con esto, se abrieron las puertas para que pudiera entrar todo el mundo. La prensa británica se sintió con el derecho de escribir sobre la vida íntima de la familia real y la monarquía se convirtió en un espectáculo. En un sistema parlamentario, donde el monarca no tiene poderes pero debe mantener la popularidad, en estos tiempos mediatizados es la única opción. Es un poco peligroso porque se convierten en personajes como podrían ser cantantes, actores o famosillos.

Solo queda decir: 'God save The Queen!'

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