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Cuando nos atrevíamos a soñar

El realismo aplastante del dinero nos ha devuelto a la cordura. Ya podemos vivir como es debido. Es decir, sin ilusiones y muertos de miedo

Al despedir a Fidel, recordamos que con su llegada se abrió aquella década y media, de finales de los 50 a mediados de los 70, en la que el mundo creyó posible otro mundo, tiempo de sueños encadenados que a los que nos pilló en la veintena nos proporcionó exaltaciones muy difíciles de imaginar hoy en día.

Fidel derrocó a Fulgencio Batista, el tirano para quien Cuba era un casino y para quien los cubanos eran o putas o limpiabotas. La imagen del Che presidía las habitaciones de los jóvenes de medio mundo. Más tarde, la utopía hippie, los Beatles, el mayo del 68, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, la irrupción del feminismo, la fantasía de la Europa unida e incluso aquí en España el invento de la Transición constituyeron sueños de distintos grados y profundidades.

El realismo aplastante del dinero nos ha devuelto a la cordura. Ya podemos vivir como es debido. Es decir, sin ilusiones y muertos de miedo. Bien es verdad que en este tiempo tan juicioso parece absurdo, contradictorio, que se entregue el cetro del mundo a un iluminado de ideas temerarias que vive en palacios de oro rodeado de Barbies como un Idi Amin blanco con una tortilla francesa en la cabeza. Un hombre que probablemente sí tienes sueños: probablemente querrá volver a convertir a Cuba en un casino gigante.

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