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Carles Francino

LUNES A VIERNES de 16:00 a 20:00h

Las voces de la radio

La vida en un chip

Admitiendo el progreso que supone cualquier avance tecnológico, no me gusta nada imaginar un mundo donde la comida del restaurante la encargues a través de una máquina, donde en la gasolinera te tengas que servir tú o donde las conversaciones pierdan el sabor de un cara a cara

Les voy a contar una historia de esas que seguramente nunca aparecerán en la portada de un diario ni abrirán los informativos de radio o televisión, pero que nos puede servir para plantearnos muchas preguntas; que al final es la base del periodismo: preguntar, indagar, curiosear….y desde luego reflexionar.

Ha ocurrido esta mañana en una sucursal bancaria, en Madrid, una oficina como tantas otras; cola para hacer trámites, y una señora ya mayor, a la que cuando llega el turno le dicen: “No, no, eso tiene que hacerlo en el cajero”. La señora va al cajero, pasan cinco minutos, pasan diez…no consigue hacer la operación, no le sale; pide ayuda y la persona que está tras el mostrador no le dice “tranquila, ya se lo hago aquí”. No, se levanta, va al cajero y le hace la operación. La señora ha seguido sin enterarse de cómo se hace, pero al menos ha resuelto el problema de hoy…lo ha resuelto porque había alguien para echarle una mano.

Entonces ¿qué nos sugiere esto, qué les sugiere esta historia? A mí varias cosas: que el proceso de maquinización –más que mecanización- de nuestras vidas parece imparable; que una parte – no pequeña- de la población a veces las pasa canutas para adaptarse; que esa empleada de banca que hoy ha intentado enseñarle a la señora cómo manejarse con la máquina está colaborando para que dentro de un tiempo –más pronto que tarde- ella misma se quede sin trabajo; y me sugiere otra cosa: admitiendo -¡faltaría más!- el progreso que supone cualquier avance tecnológico…

La vida en un chip

A mí no me gusta nada imaginar un mundo donde la comida del restaurante la encargues a través de una máquina (McDonald’s ya lo hace), donde en la gasolinera te tengas que servir tú (como ya ocurre), donde la llave del hotel te caiga del cielo (ya existen cadenas), donde los enfermos del hospital reciban sus medicamentos de un robot (algún hospital escandinavo lo tiene en marcha), donde las noticias las jerarquice un algoritmo (caso de Google) y desde luego donde las conversaciones –del tipo que sea- pierdan el sabor de un cara a cara.

A mí ese mundo no me gusta, no sólo porque sea mayor –que lo soy-, no porque eche de menos el contacto personal –que también- sino porque al final estamos –o estaremos- en manos de unos pocos. Y seremos ultramodernos…pero en algunas cosas más ignorantes que nunca. En fin ¡qué poco se imaginaba la señora de esta mañana la que iba a liar por no apañarse con la maquinita de marras!

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