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LA FIRMA DE IÑAKI GABILONDO

Cautela

Recomendaría a quienes, como Zapatero, impulsan la candidatura de Susana que no minusvaloren la resistencia de muchos sectores hacia la presidenta andaluza

Coincidí hace unos días en una cena con el presidente Zapatero y quedé impresionado por el entusiasmo con el que se refería a Susana Díaz. Sabía que la apoyaba, pero no me podía imaginar tal intensidad. Hablaba de ella con ese tipo de devoción con el que los adolescentes se refieren a su cantante favorito y que confirmó al día siguiente en el acto de Jaén.

El optimismo antropológico de Zapatero le ha llevado a algunos vaticinios certeros, sí, pero también a errores de cálculo de tamaño gigante, por lo que conviene escuchar sus profecías con alguna cautela. Él, desde luego, tiene clarísimo que Susana Díaz es la lideresa que el Partido Socialista necesita, que la adornan todas las cualidades necesarias y que, en menos de lo que imaginamos, estará en La Moncloa. Por otra parte, no ve que la campaña de los críticos vaya a tener recorrido ni que la hostilidad anti Susana que se aprecia en importantes sectores de la militancia pueda constituir un obstáculo serio. Da por hecho que el tiempo disolverá todas las resistencias y que el temple de la gestora y la racionalidad en la oposición llevarán las aguas turbulentas a los cauces de la ortodoxia.

Bueno, también gente como Felipe González o Bono, gente muy experta, piensa algo parecido, luego tendrán razón. Sin embargo, yo tengo alguna reserva y en todo caso recomendaría a quienes, como Zapatero, impulsan la candidatura de Susana que no minusvaloren la resistencia de muchos sectores hacia la presidenta andaluza. Que no intenten llevarla a la cumbre a hombros del fervor y de los baños de masas, que acepten que Susana presenta algunas contraindicaciones y que, si desean neutralizarlas, tienen que razonar.

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