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LA FIRMA DE IÑAKI GABILONDO

Rajoy, coronado

Frente a los riesgos derivados del hacer, la fórmula rajoyana de no hacer, ideal para no cometer errores, se alza como un monumento a la cordura

Hasta sus críticos más pertinaces tendremos que aceptar que Rajoy tenía razón. Lo que nosotros, gente de poco seso, hemos venido definiendo como tancredismo, pasividad, incluso pereza intelectual, le ha confirmado en España como la única referencia estable, y fuera, en las instituciones continentales, su actitud se considera muestra de refinada inteligencia.

Frente a los riesgos derivados del hacer, que a veces conduce a hacer mal o a destiempo, la fórmula rajoyana de no hacer, ideal para no cometer errores, se alza como un monumento a la cordura. Los últimos sonados suicidios apuntalaron a nuestro héroe. David Cameron y Matteo Renzi cayeron por sobredosis de acción, por referendos que hubieran podido no convocar. François Hollande, por acometer demasiadas cosas y, por tanto, equivocarse mucho. Incluso Angela Merkel pasa apuros por lanzarse a iniciativas temerarias en favor de los refugiados.

Y en casa, lo mismo. Todo es agitación. Podemos se mueve para transformarse en un contrapoder, el PSOE para encontrar el camino perdido, Ciudadanos para ver si algún viento le favorece, mientras que Rajoy, impertérrito, sigue ganando combates por incomparecencia, por su incomparecencia. El triunfo que le faltaba llegó ayer. Con la ruptura oficial de relaciones con Aznar, Rajoy se corona definitivamente.

 

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