LA FIRMA DE IÑAKI GABILONDO

Con el estómago revuelto

La indignidad se hace ahora además grotesca. Trillo va a volver a su puesto de letrado del Consejo de Estado

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Empezamos el año con el estómago revuelto, y no por los excesos de las fiestas sino porque con el dictamen del Consejo de Estado sobre el caso Yak han reaparecido Trillo y la memoria de su indignidad, cuando tras una gestión miserable de la identificación de las víctimas se escondió tras sus subordinados militares, pasó de largo por el dolor de las familias y buscó cobijo entre los faldones de su partido, que tanto le debía por sus pasados servicios en variadas triquiñuelas legales.

La indignidad se hace ahora además grotesca. Trillo va a volver a su puesto de letrado del Consejo de Estado, de ese mismo Consejo de Estado cuyo dictamen le culpabiliza. Pero Rajoy y su gobierno no tienen nada que decir. Y eso, desde luego, es muy mal augurio.

Este nuevo año, que podría ser para el PP un paseo a trotecito lento, como le gusta, porque los demás partidos sólo estarán para sus cosas -congresos, asambleas, vistalegres-, será otro año embroncado. Lo comprobaremos con la secuencia judicial que el calendario de la corrupción tiene previsto para los próximos meses. Porque cuando no se asume nunca la menor responsabilidad política, ningún asunto se despeja nunca del todo.