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Respaldado por Trump, Israel pisa el acelerador de la colonización

Más de 6.000 nuevas viviendas en asentamientos desde que Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos

Esta semana el ejército israelí ha desalojado la colonia de Amona, en Cisjordania, donde vivían 40 familias desde los años 90 /

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La llegada del nuevo presidente de Estados Unidos ha significado en Israel un empujón a la expansión colonial en tierra palestina, una decisión que aleja aún más cualquier perspectiva de paz. "Construimos y seguiremos construyendo", anunció el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu dos días después de la investidura de Trump.

El gobierno israelí, el más a la derecha de la historia del Estado, según analistas políticos, incluye a partidos ultranacionalistas favorables a la colonización que presionan a Netanyahu y se sienten pletóricos con la llegada de Trump. Los anuncios realizados en los últimos días son los más importantes, en número de viviendas, desde hace varios años.

Durante la administración de Barack Obama, cada decisión de construir nuevas casas en colonias por parte del gobierno israelí merecía una condena o una advertencia seria de Washington y oficialmente había planes de expansión que se congelaban. Pero está claro que Netanyahu se siente envalentonado con la llegada de Trump y no ha tenido reparos en hacer tomar estas decisiones.

El silencio de la Casa Blanca ha sido sepulcral hasta el jueves en que dijo que esta expansión de las colonias no ayuda necesariamente a la paz pero tampoco la condenó ni considero que los asentamientos obstaculicen la paz. Diversos países europeos y la UE como bloque han mostrado su repulsa ante estas decisiones pero Netanyahu no ha reaccionado ante estas críticas.

Colonias ilegales

Israel ocupó Cisjordania y Jerusalén Este en junio de 1967. La comunidad internacional no reconoce este hecho ni la posterior anexión de partes de la Ciudad Santa y considera contrarios al derecho internacional todos los asentamientos israelíes en suelo palestino. Las casas aprobadas en los últimos 15 días por el gobierno israelí se situarán en Cisjordania y en la parte Este o palestina de Jerusalén. Son viviendas que pasarán a formar parte de colonias ya existentes que crecen sin descanso y acorralan cada día más a los palestinos. Según cifras de la ONG israelí Btselem, que se opone a la ocupación, en este momento habría más de 600.000 colonos viviendo en Cisjordania y Jerusalén-Este.

Cada asentamiento tiene circunstancias diferentes. A las afueras de Jerusalén por ejemplo se encuentra la impresionante colonia de Maale Adumin que es una verdadera ciudad israelí en tierra palestina donde viven 40.000 personas. Los planes de los ministros más radicales del gobierno israelí es anexar esta colonia a Jerusalén.

Por otra parte, tenemos las colonias de Jerusalén-Este, una situación terriblemente compleja porque en algunos casos se trata de miniimplantaciones en barrios palestinos. A veces pueden ser una o dos casas solamente. En total, en este momento unos 200.000 judíos residen en la zona palestina de la ciudad junto a 350.000 palestinos.

La mayoría de estos colonos de Jerusalén viven en barrios construidos expresamente para ellos desde 1967, pero también hay varios centenares familias, unas 2.000 o 2.500 personas en total, que se han instalado de forma paulatina pero organizada en el corazón de zonas palestinas como Silwan, la Ciudad Vieja o el Monte de los Olivos.

Su presencia en estos barrios exige un despliegue de seguridad importante para protegerlos, aumenta la tensión y multiplica los enfrentamientos.

Organizaciones humanitarias internacionales condenan la política de discriminación que Israel lleva a cabo contra los palestinos que viven en Jerusalén, que representan un tercio de la población total de la localidad. Unidas, la colonización y la marginación de los palestinos, tienen un único fin, según B'tselem: "hacer crecer la población judía de Jerusalén Este y espantar a los palestinos con el objetivo de garantizar a Israel una futura soberanía sobre la parte oriental de la ciudad".

El símbolo de Amona

Esta semana el ejército israelí ha desalojado la colonia de Amona, en Cisjordania, donde vivían 40 familias desde los años 90. Este asentamiento era considerado ilegal incluso por la justicia israelí porque se alza en tierras palestinas y apareció en los años 90 sin ningún permiso del gobierno.

Amona no es un ejemplo aislado. En Cisjordania hay un centenar de colonias consideradas ilegales por el Estado. En el caso de Amona, una decena de familias palestinas logró probar ante la justicia israelí con documentos que son los propietarios de estas tierras. Esto es algo inédito y costó muchos años, sentencias y apelaciones hasta que finalmente en 2014 el Tribunal Supremo ordenó su desalojo.

Amona quedó vacía el jueves ante la ira de los colonos más radicales. Para contentar a esa parte de la población que también está representada en su coalición gubernamental Netanyahu ha ordenado dos cosas: la primera es la aprobación de un proyecto de ley que regularizará buena de parte de estas colonias ilegales, es decir, que evitará que otros colonos sufran la misma suerte que los habitantes de Amona.

En segundo lugar, el primer ministro ha ordenado que se estudie la posibilidad de trasladar a los habitantes de Amona a una colonia nueva que sería creada en Cisjordania. De concretarse, sería la primera vez desde los años 90 que Israel establece un nuevo asentamiento. Sus decisiones, por ahora, se han centrado en ampliar las ya existentes.

¿EMBAJADA ESTADOUNIDENSE EN JERSUSALEM?

Beatriz Lecumberri

Además de un respaldo a las colonias, la era Trump ha traído consigo una promesa de campaña que corre el riesgo de hacerse realidad: el traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. La inmensa mayoría de la comunidad internacional no reconoce la ocupación y posterior anexión de Jerusalén –Este, que los palestinos aspiran a ver convertida un día en capital de su Estado independiente.

Por ello las embajadas extranjeras están en Tel Aviv y no en Jerusalén, donde hay una representación consular. Pero los judíos consideran Jerusalén su capital única, eterna e indivisible. Si Trump cambiara la embajada a Jerusalén, aunque fuera a la parte oeste o israelí de la ciudad, estaría rubricando esta idea y contradiciendo la política de Estados Unidos en los últimos 50 años.

Trump ha nombrado embajador en Israel a David Friedman, un banquero judío partidario de la colonización y contrario a la solución de dos Estados.

Por ahora, Estados Unidos ha dicho que este cambio de embajada no es un tema prioritario en la agenda pero para Israel sí lo es y sin duda estará entre las cuestiones que saldrán a relucir en la reunión entre Trump y Netanyahu el 15 de febrero.

Los palestinos han avisado de que si Estados Unidos cambia su embajada traerá consigo consecuencias graves. Se ha mencionado por ejemplo una potencial marcha atrás en el reconocimiento de Israel como Estado.

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