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MEDIO MINUTO

Europa, puerta cerrada

La idea de la independencia no ha recibido aliento alguno por parte de las autoridades europeas. Ni un solo gesto, ni un guiño. Nada de nada

El independentismo lleva siete años agitando la posibilidad de constituir a Cataluña como nación. En 2010 se conoce la sentencia contra el Estatut. Ese mismo año Artur Mas abraza el derecho a decidir. Es el comienzo. En 2013 el Parlament aprueba la declaración de soberanía y la ANC impulsa coincidiendo con la Diada la vía hacia la independencia. El 9 de noviembre de 2014 casi dos millones de personas votaron a favor de la independencia en un referéndum ilegal. Hoy Artur Mas, Rigau y Ortega se sientan en el banquillo. Pues en todo este tiempo, jalonado de decisiones judiciales, un duro frentismo político y la propaganda victimista del separatismo, la idea de la independencia no ha recibido aliento alguno por parte de las autoridades europeas. Ni un solo gesto, ni un guiño. Nada de nada. Que algunos diputados de varios países apoyen el referéndum no se traduce en el respaldo de la Unión ni en nada que se le parezca.

Los independentistas ya saben que en España será imposible pactar un referéndum, y parece imposible que la UE ampare este propósito. No solo por la propia naturaleza de esa iniciativa política, es que Europa tiene una agenda tan crítica que bloquea cualquier veleidad en ese sentido. Grecia, que representa una minúscula parte del PIB europeo, ha tenido en jaque a Europa durante varios años: es inimaginable saber qué pasaría si se segregara de España el 16% de su población y el equivalente al 19% de su PIB. La independencia no solo va contra la Constitución Española, también va contra los tratados europeos, contra la estabilidad general de Europa, contra sus intereses económicos y políticos. Para entrar en la Unión necesitaría además el reconocimiento de los 28 países miembros. Es decir, misión imposible. Así las cosas, más le convendría a los impulsores de esta idea sentarse a negociar en serio para mejorar su financiación, su autogobierno y avanzar en todos los aspectos. Ayudaría mucho tener un gobierno en España que además de una operación cosmética de diálogo entendiera el poder profundo de la política para cambiar las cosas. Pero, de entrada, la puerta europea está cerrada con dos llaves.

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