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HISTORIAS A MEDIA MAÑANA

La chica del banco

Ha visto a la mujer sentada en el banco y en un primer momento no le ha prestado atención

Ha visto a la mujer sentada en el banco (era imposible no verla desde su taburete), y en un primer momento no le ha prestado atención. Se ha tomado el café, con calma, ha leído el periódico. Qué país, por favor. De vez en cuando se le iba la mirada al frente, a la chica que esperaba a alguien, posiblemente, con un abrigo gris y unas botas de piel altas, el bolso sobre las rodillas y una carpeta a su lado.

Ha sonado el teléfono, bajaba el jefe con un cliente; otro café, tres cuartos de hora de jijí jajá, bien aprovechados. El cliente es un cretino, pero está satisfecho. Cuando ha subido por fin a la oficina, la chica continuaba allí. Parecía un poco triste. O perdida. Indefensa, allí, en el banco de la calle ancha, bajo un árbol deshojado. Pobre chica.

El ordenador se está actualizando. Se acercó a la ventana. No la veía entera, pero sí las botas, un poco de su espalda. Ha mirado la pantalla. Doce minutos. Entonces, con gesto decidido, se ha colocado el chaquetón sobre los hombros y ha regresado a la calle, hasta la chica que le tiene preocupado, que quizás a esa alturas esté llorando, a la que nadie dedica ni una mirada.

-¿Estás bien? ¿Te pasa algo?

Ella le ha sostenido la mirada. Unos ojos bien maquillados, con vetas verdosas, el derecho un poco bizco.

- Sí, gracias. Estoy bien.

Parecía estar bien. Sonreía. No ha dado más explicaciones. Y, no sabe por qué, se ha sentido un poco decepcionado.

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