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El valiente testimonio del padre de un niño que sufrió abusos de su profesor

Juan Cuatrecasas ha desvelado las secuelas que sufre su hijo y el calvario que pasó su familia cuando denunciaron los hechos

Imagen de un niño, con rostro atemorizado, que se tapa la cara con los brazos. /

El profesor del colegio Gaztelueta de la localidad vizcaína de Leioa, acusado por uno de sus alumnos de abusos sexuales, ha comparecido esta semana ante el juez para ratificarse en su declaración inicial, prestada en el año 2015, por lo que ha vuelto a negar los hechos que se le imputan. Ahora se espera que el juez eleve el caso a la audiencia y ponga fecha de juicio, que es lo que espera la familia. Juan Cuatrecasas, el padre del chico que denunció los abusos, ha detallado en La Ventana cómo se encuentra ahora su hijo, cuando han transcurrido casi diez años desde que comenzaran los hechos, que se prolongaron durante dos cursos.

Cuatrecasas, por respeto a su hijo menor, nunca hizo declaraciones. Pero ha decidio romper su silencio ahora que el chico ha superado la mayoría de edad, porque tanto él como su mujer no tienen otro objetivo que el de sacar adelante a su hijo: "El silencio lo que hace es darle pie a los abusadores, a que se vayan de rositas y sigan pasando estas cosas".

Su hijo sigue con los efectos del shock postraumático debido al daño que le infligieron. "Sufre constantes pesadillas, episodios de angustia, de estrés y de ansiedad. Es incapaz de llevar una vida normal, no se relaciona con amigos y tiene muchos problemas para concentrarse en los estudios", ha detallado Cuatrecasas, que también ha desvelado que el estado de su hijo han repercutido en su otro hijo, en su mujer, que apenas duerme, y él mismo, que recibe tratamiento psicológico.

El chico, consciente de todos los problemas que sufre y que le impiden llevar la misma vida que cualquier otro chaval de su edad, ha manifestado tres tentativas de suicidio: "En dos ocasiones casi lo logra y en la tercera tuvo que intervenir mi mujer porque iba a saltar por la ventana".

Lo que esta familia pide, además de justicia, es que no prescriba este tipo de delito, porque hay muchas víctimas que en el momento en el que sufren los abusos no son conscientes y se dan cuenta cuando a cierta edad le vienen recuerdos.

Actitud del colegio y del Vaticano

Tanto Cuatrecasas como su mujer se volcaron desde el primer momento con su hijo, por eso, cuando les contó lo que estaba sucediendo fueron a hablar con la dirección del centro, perteneciente al Opus Dei: "Se llevaron las manos a la cabeza y dijeron que lo iban a investigar, pero se convirtió en una chapuza, que no siguió el protocolo del Gobierno Vasco. Y se cometió desde el minuto uno el error de dar el nombre de mi hijo y exponerlo ante todo el colegio".

Movidos por tanta pasividad, decidieron escribir una carta al Papa Francisco, que les respondió con su puño y letra. El Pontífice les prometió que iniciaría una investigación, aunque finalmente el proceso eclesiástico se cerró. "La Iglesia intenta tapar las cosas y solucionarlas por lo bajinis", ha señalado Cuatrecasas.

El Vaticano envió  a Silverio Nieto, jefe de los servicios jurídicos de la Conferencia Episcopal, y a un juez eclesiástico al domicilio de Cuatrecasas. En principio se personaron para transmitir el afecto del Santo Padre, pero realmente fueron a indagar en el caso: "Nos hicieron un interrogatorio indecente y al final se fueron abruptamente, casi sin despedirse. Días después descubrimos que este individuo hizo una investigación totalmente manipulada, con engaño y trampas, sin ningún tipo garantías jurídicas, ni eclesiásticas ni civiles".

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