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LA MIRADA

La voz de Trudeau

Merece la pena escuchar su voz, porque su apelación a que Europa defienda la globalización no tiene por qué entenderse como una llamada al ultraliberalismo, ni mucho menos

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, hizo ayer en el Parlamento de Estrasburgo una excelente defensa de la Unión Europea, una defensa que quizás ya no nos hace efecto más que cuando la escuchamos en una voz externa. “La UE, dijo Trudeau, es un logro extraordinario. Un modelo de cooperación pacífica, vital para resolver los problemas a los que nos enfrentamos en la comunidad internacional”. Nada que ver con la muy poco disimulada hostilidad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ni con la frialdad con la que la primera ministra británica, Theresa May, se refiere a la Unión. Y una gran verdad, por mucho que los problemas actuales de Europa y la incapacidad de la UE para resolverlos hagan a veces dudar de su futuro.

Es cierto que Trudeau visita Europa en un momento especial, cuando el Parlamento europeo acaba de aprobar el Tratado Internacional de Comercio, el CETA, firmado entre su país y la Unión, y que se le nota muy satisfecho por ello, pero su discurso pareció sincero cuando insistió en que no se trata solo de ese acuerdo, sino de una auténtica admiración por lo logrado en Europa. Justin Trudeau es un político relativamente joven, tiene 45 años, aunque aparenta menos edad, y ha conseguido abrirse un hueco en el espacio político internacional con su decidida y rápida reacción ante la crisis de los refugiados (Canadá acogió a 40.000 sirios en muy pocos meses) y con su discurso aperturista y confiado.

Merece la pena escuchar su voz, porque su apelación a que Europa defienda la globalización no tiene por qué entenderse como una llamada al ultraliberalismo, ni mucho menos. Los problemas que inquietan a las sociedades europeas no se deben tanto a esa globalización sino, en todo caso, a la falta de reglas suficientes con la que se ha llevado a cab. Como explica el profesor alemán Christoph Scherrer, nunca se ha tratado, ni se debe tratar, de nosotros contra ellos, ni de ellos contra nosotros, sino en todo caso de todos juntos contra quienes no quieren ninguna regulación.

 

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