MEDIO MINUTO

Integración o desintegración

Podemos ha consumado ya sus novedades tras Vistalegre II. Novedades que no son tales porque como se esperaba, Íñigo Errejón, el perdedor del congreso ha perdido sus posiciones políticas

Íñigo Errejón deja de ser portavoz parlamentario y por lo tanto la segunda referencia de Podemos en favor de Irene Montero, nueva número dos de facto de la formación morada, tanto en el Parlamento como en el partido. Purga, laminación, neoleninismo: la decisión de Iglesias está recibiendo muchos epítetos. En cualquier caso lo peor es que es muy poco original respecto a lo que hacen los grandes partidos: se aparta al perdedor, se le despoja del poder y se consuma uno de los efectos más perversos de la política partidista: la incidencia de la lucha por el poder interno en las instituciones. Nada nuevo. En eso Podemos defrauda. No son ni más originales ni más integradores que los demás.

A la vez, Errejón parece designado por Iglesias como candidato a la comunidad de Madrid, un proceder que sigue siendo poco saludable políticamente: utilizan las instituciones como moneda de cambio para sellar la crisis interna y avanzan una propuesta apoyada por la dirección y supuestamente por los errejonistas que condena a la nada cualquier opción alternativa que pudiera presentarse. Paradójicamente, Podemos ha hecho de la participación, la transparencia y los procesos abiertos su bandera. Con la designación del caído numero dos, ese proceso puede ser un paripé aunque a Errejón le falten aún varios filtros para ser designado.

No obstante, hay algo interesante en el proceso de este fin de semana. Iglesias controla ya a 10 de los 15 miembros de la ejecutiva. Y Errejón sale con un 20% de representación aunque alcanzó en el congreso casi el 40% para la dirección. Hasta ahí llegó la integración. Pero la nueva estructura ha sido apoyada por todos salvo dos abstenciones. El tiempo dirá si lo de Errejón es un repliegue táctico, si utilizará Madrid como bastión para un asalto futuro a la dirección de Podemos tras las próximas legislativas si al nuevo proyecto más radicalizado de Iglesias y Montero le va mal en las urnas. Y a él le va bien, claro. La historia política demuestra que los partidos tienen dos caminos: la integración o la desintegración.

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