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La llamada de la historia

Terenci Moix

Mis padres tenían un pequeño negocio en el Raval. He dicho muchas veces que hubiera agradecido algo menos de amor por parte de mis padres y algo más de educación. Aunque tampoco debería quejarme demasiado, va en mi forma de ser y de haber sido protestar, reivindicar y alborotar.

No estudié nada para ser escritor. Lo leí todo, pero antes de escribir lo que hice fue desde ser administrativo hasta vender libros o ser asesor literario. A ver, algo relacionado estaba todo, pero hasta que publiqué mi novela policiaca no dejé de trabajar en historias que no eran propiamente la mía: la mía era la historia de ser escritor.

Mis dos primeras novelas son policíacas y con pseudónimo. Era tan solo el año 1963, y después de aquello me marché a Londres. Una editorial y alguna traducción y sobre todo, el poder empaparme de la cultura pop, de la vida, del inglés en el que empecé a escribir algún libro y todo. No fue demasiado tiempo el que estuve en Londres, pero sí debió ser el suficiente como para que los temas y el estilo de mis primeros escritos guardaran relación con la capital anglosajona. Estuve también en París y en Roma…Todo es aprendizaje.

Estas primeras novelas fueron escritas en catalán. Y no fue hasta los años ochenta cuando me lancé al castellano. Me bastó todos esos años con criticar mi sociedad catalana, a las personas que la formaban, la manera de tratar y tratarse, la manera de pensar…Todo. Enfant terrible llegaron a decir de mí. El enfant terrible de la cultura catalana. Criticaba lo que llevaba encima: muchos valores franquistas, mucha religión, y mucho enfrentamiento interior contra todo esto.

Lo que es verdad es que publicaba mucho: escribía mucho y esto se reflejaba en libros y libros publicados. Cuando publiqué ya dos en castellano me dio por la novela histórica: algo que siempre me había encantado porque era yo un amante obsesivo de Egipto, de lo egipcio, de sus historias…Me fascinaban las historias de amor y desamor del imperio de los faraones.

La cumbre llegó con un premio y sobre todo, con su significado. Cuando en 1986 gané el Premio Planeta no me podía imaginar que se llegarían a publicar más de medio millón de ejemplares.

En medio de la locura de Planeta me paseé por la televisión para presentar dos programas mientras seguía escribiendo, tanto novelas como artículos que publicaba en muy distintos medios: desde El País hasta ABC o La Vanguardia.

Pero hubo silencios, depresión por una ruptura amorosa…y siempre hubo mucho de mi infancia…La plaza donde nací dio nombre a mi biografía, en forma de trilogía, era demasiado lo que había que contar. Y tampoco sé contar menos. Aunque me costaba horrores, era tremendo soltar todo, me lo tomaba tan en serio que me vaciaba entero, desde la ilusión hasta el desamor y claro, eso se paga.

El nombre que me puse viene de un poeta romano y también viene de la confusión propia que tenían cuando empecé a escribir, porque otro escritor llevaba también mi Ramón inicial, así que enseguida me puse otro nombre.

Es cinematográfico quizás empezar con un pseudónimo y terminar con un nombre inventado por el que la gente olvide tu propio nombre…Será porque el cine ha formado parte tan importante de mí que llené mi vida de películas, de carteles preciosos, de objetos que encontraba subastando en internet cuando me enamoré también de los ordenadores. Tenía ocho. En ellos arreglaba y destrozaba con soltura las fotos de mis estrellas.

Esa casa desde la que hablan es también mía: formé parte de ella abriendo y cerrando ventanas. Tuve grandes amigos allí y también allá, que fueron mi vida y mi complemento y que fueron los que quise tener a mi lado también cuando me fui, dejando claro quiénes no debían entrar a despedirme. Fue mi hermana Ana María la encargada de decir que ni PP ni CIU deberían estar en mi funeral. Fue una de mis últimas voluntades, no podía estar callado ni muerto. Y tampoco podía parar de defender lo mío. Aunque nunca me gustó demasiado eso de ser un gay declarado como dicen algunos. Lo que intenté y creo que conseguí ser es una persona natural, que combatía manifestaciones que consideraba homófobas y al que no le costaba criticar a quienes me molestaban simplemente por ser.

Lo demostré creo en distintos debates televisivos, en mis escritos…y quedó patente cuando, tras mi muerte, se crearon unos premios por la visibilidad de la literatura gay en España. Aunque yo ya no esté para entregarlos.

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