¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Las Guerras de Cuba

Cuando hablamos de Cuba y de su independencia en el verano de 1898 de la corona española gracias a la participación de Estados Unidos, solemos olvidarnos de que hubo varias guerras. En aquellos años de finales del XIX Cuba sufrió una crisis humanitaria devastadora que pocos han podido olvidar.

"Ordeno y mando: todos los habitantes en los campos o fuera de la línea de fortificación de los poblados, se reconcentrarán en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas. Será considerado rebelde y juzgado como tal, todo individuo que trascurrido ese plazo se encuentre en despoblado». Este era el tenor del artículo primero del bando de reconcentración del 21 de octubre de 1896 para la provincia de Pinar del Río, en la parte occidental de la isla. Con esta medida se pretendía impedir lo que de hecho sucedió durante la Guerra de Independencia entre 1895 y 1898, a saber, que los simpatizantes y la población civil le facilitaran al Ejército Libertador Cubano (ELC) armamento, víveres, medicamentos, ropa e información de relevancia militar. El objetivo era mantener físicamente separados a los guerrilleros cubanos de la población civil. Las zonas despobladas fueron sistemáticamente arrasadas: hasta donde fuera posible, los combatientes por una Cuba libre debían ser privados de todo recurso.

Destrucción y persecución civil

Al poco de llegar a la isla, Valeriano Weyler y Nicolau, el capitán general y gobernador general español, ordenó la reconcentración en Oriente; hasta finales de 1897 le tocaría el turno sucesivamente al resto de las provincias. En Cuba, la política estratégica de reubicación fue sobre todo un instrumento militar contra un enemigo ágil y difícil de atrapar, que además gozaba de un gran respaldo por parte de la población a nivel regional. En los más de ochenta puntos de reconcentración de la isla fueron internadas por lo menos 400.000 personas. Las tropas españolas y las unidades paramilitares de contraguerrilla reclutadas in situ no ejecutaron las órdenes con la misma radicalidad en todas las provincias. Fue en las occidentales donde, junto a las intensas operaciones militares, tuvieron lugar también las reubicaciones forzosas más amplias, que, lejos de dirigirse a un grupo poblacional específico, persiguieron el radical despoblamiento de zonas enteras. Tanto cubanos blancos como negros, pero también los peninsulares o los extranjeros, fueron víctimas de los internamientos. A menudo, a los reconcentrados sin medios se les asignaba para su autoabastecimiento una parcela en las zonas de cultivo situadas alrededor de las plazas fuertes. Según el Estado Mayor español, la «fértil tierra de Cuba» debía hacer posible una reconcentración sin gastos adicionales. La reubicación forzosa decretada durante el segundo año de la guerra, así como las consiguientes deportaciones en masa, hicieron que la situación empeorara sensiblemente. Las instituciones estatales ya se habían visto completamente desbordadas por las migraciones (forzadas) debidas a la guerra. Las epidemias y la hambruna mataron a miles de reconcentrados que se apiñaban, en condiciones higiénicas miserables, en bohíos (las cabañas típicas de la región), barracas y viejos almacenes improvisados en ciudades o pueblos abarrotados. Hasta hoy, los investigadores no se han puesto de acuerdo sobre el número de bajas civiles, que oscila entre 60.000 y 500.000. Los estudios más recientes parten de unas 170.000 víctimas civiles, un 10 por ciento de la población de la isla.

Extraído del libro Las Guerras de Cuba (La Esfera 2016) de Andreas Stucki.

Cargando