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CRONOVISOR III

Vicente Blasco Ibáñez

Es, probablemente, uno de los escritores más ninguneados de España. Objeto de envidias y chanzas por parte de sus compañeros de la generación del 98, al maestro de la llamada “novela costumbrista” valenciana nunca le perdonaron su éxito y su fortuna.

Pero los clichés que cayeron sobre él nunca importaron más allá de nuestras fronteras. En 1919 la traducción al inglés de su novela sobre la Primera Guerra Mundial Los cuatro jinetes del Apocalipsis, se convirtió en Estados Unidos en “la figura dominante de la ficción de este año”, según The New York Times. Blasco vendió más de diez millones de copias, consagrándose como el autor español más internacional del momento.

Lo que pocos saben es que este escritor precoz, que fundó su primer periódico con solo 16 años y enseguida empezó a defender sus ideas políticas de izquierdas, se inició en la masonería el 28 de febrero de 1887. Ese día ingresó en la Logia Unión número 14 de Valencia, donde fue aceptado bajo el “nombre iniciático” de Danton. Ese mismo año escribió su casi desconocida novela La espada del templario, donde reliquias todopoderosas, castillos que se volatilizan y sortilegios mágicos beberán de una juventud apasionada por lo misterioso y lo desconocido.

En este nuevo viaje del Cronovisor –justo cuando se cumplen 130 años de aquella ceremonia hoy olvidada- repasamos la fascinación de Blasco Ibáñez por misterios que aún hoy nos hechizan. Ante nosotros aparecerá la figura de un autor que se creyó “protegido” por fuerzas invisibles y que desarrolló una carrera que fue mucho más allá de las novelas costumbristas a las que la Historia ha pretendido reducirlo.

Cuando casi al final de sus días publicó los tres volúmenes de sus memorias de viaje La vuelta al mundo de un novelista (1924-1925), nos dejó entrever mucho más sobre su pasión por los arcanos del pasado. Escribió con tiento sobre los misterios de la Esfinge o las pirámides, deteniéndose incluso en asuntos aparentemente tan contemporáneos como la alta tecnología perdida de los antiguos egipcios.

Esta incursión del Cronovisor es, pues, un viaje a la “ocultura” –la cultura de lo oculto- que esconde uno de los novelistas más poliédricos que nos dio el siglo XX.

 

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