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Historias de la prehistoria

La prehistoria, la etapa más larga de la humanidad es, por desgracia, la etapa más desconocida para el gran público. Años atrás, a cualquier estudiante en el colegio le enseñaban que existía el Paleolítico inferior, medio y superior, después de la etapa de la piedra llegaba el Neolítico y después los metales.

Si a esto le añadimos que como era el primer tema prácticamente nunca caía en los exámenes, el desconocimiento del público en general sobre esta etapa ha sido siempre de gran calado. Afortunadamente lugares emblemáticos como la Cueva de Altamira o Atapuerca entre otros, han ayudado a la divulgación de las diversas etapas, modos de vida y el arte de nuestros antepasados más remotos.

Aunque la cosa va cambiando poco a poco, la divulgación en el apartado de la Prehistoria no es que sea muy abundante, primando los estudios científicos, poco o nada accesibles al público en general.

Es por ello que decidí aunar y divulgar las apasionantes “historias B” de los grandes descubrimientos antropológicos, igual de interesantes que los estudios de los propios hallazgos. Con el paso de los años han aumentado los estudios de carácter científico pero han desaparecido por completo los diarios de excavación tales como los apuntes de Marcelino Sanz de Sautuola –descubridor de Altamira-, Heinrich Schliemann – descubridor de Troya- … Y es que las publicaciones científicas dan muchos puntos y aumentan los currículos pero las obras de carácter divulgativo no dan ni tantos puntos ni tanto prestigio. Es por ello que, además de dar datos técnicos sobre la evolución humana quise aunar en un mismo libro la parte más romántica de las excavaciones.

Resulta interesante saber que el descubrimiento de las huellas de Laetoli son las improntas de huellas de pies más antiguas de unos seres que andaban erguidos, pero también al gran público le gustará saber que fueron descubiertas mientras dos de los arqueológicos que trabajaban en una excavación se tiraban bolas de excrementos de animales como si de bolas de nieve se tratase. Es interesante saber lo importante que resultó hallar los restos de uno de los australopitecos más célebres, los de Lucy. Pero el gran público querrá conocer que se llama así porque en el campamento base de la excavación había una canción de los Beatles, Lucy in the sky with diamonds. En resumidas cuentas, en los últimos años hemos perdido el romanticismo de los cuadernos de campo para dar paso a los millones de datos y comparativas que son capaces de hacer los ordenadores en las investigaciones de carácter prehistórico.

Y otro asunto importante es valorar y darnos cuenta de que todas las comodidades de las que disfrutamos hoy en día son gracias a unos antepasados que vivieron pasando grandísimas calamidades. Si todo fuera desconocimiento, no estaría tan mal, pero es que la cosa va más allá y en lugar de tener una imagen de ellos como la podemos tener de nosotros mismos, se les ha pintado durante mucho tiempo como seres poco inteligentes, rudos, sucios, bestias… Y nada más lejos de la realidad. ¿Alguien puede creer que la persona que pintó los bisontes de Altamira no tenía sensibilidad? ¿Alguien puede pensar que el grupo que cuidó al conocido como “Viejo de Dmanisi” –homínido de hace más de 1 m.a. que vivió muchos años sin poder masticar- no tenía una gran compasión y respeto hacia sus iguales? ¿Alguien puede llegra a imaginar que un animal impecablemente tallado en un hueso pudo ser obra de un bestia? Por ello, el mejor homenaje que podemos hacer por ellos es conocerlos y saber cómo vivían.

La prehistoria son nuestros orígenes, el origen de todo. ¿A quién no le gustaría saberlo? Si alguien responde negativamente, perdónenme, pero eso significa que se tiene muchísima menos sensibilidad que nuestros antepasados más remotos, que sí la tenían y mucha.

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