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El Faro de Patiño

50 días y 500 noches

Los problemas del candidato de la derecha con su propio partido; la probable ausencia de un candidato del Partido Socialista en la segunda vuelta y la falta de ataques contra Marine Le Pen durante la campaña convierten la elección presidencial en Francia en una de las más abiertas de su Historia reciente

Republicains' party candidate for the 2017 French presidential elections, Francois Fillon wave flags during a meeting organized to support him on the Place du Trocadero in P Supporters of 'Les aris, France, 05 March 2017. For the past few days, the candidate has seen most of his supporters leaving as he is under justice scrutiny. France holds the first round of the 2017 presidential elections on 23 April 2017. / ()

A 50 días de la primera vuelta de la elección presidencial en Francia, nada está claro. Ni si quiera quién será el candidato del principal partido de la derecha. François Fillon ha jugado la baza de la calle frente a los "barones", que le empujan a renunciar ante el acoso de los jueces y el descenso en los sondeos. Pudiera ocurrir incluso que el partido eligiera un sustituto -se habla de Alain Juppé que quedó segundo en las primarias- y que Fillon decidiera acudir por su cuenta a una elección que guarda el espíritu gaullista del encuentro de un hombre con su pueblo. Tal y como sucede con Emmanuel Macron, que se presenta al margen del Partido Socialista.

De esta manera, las dos formaciones tradicionales quedarían ausentes de una segunda vuelta en la que se contaba con ellas para frenar a Marine Le Pen. La candidata del Frente Nacional, importunada también por los jueces, lleva a cabo una plácida campaña gracias a que el resto de candidatos parece asumir que su presencia en la segunda vuelta está garantizada y que, por tanto, no merece la pena gastar esfuerzos. Sin embargo, no atacar las propuestas de la ultraderecha, como la salida de Francia del euro o inscribir la preferencia nacional en la Constitución, supone dejar que se asienten en un electorado cada vez más radicalizado y desapegado de la clase política.

Los sondeos dan a Le Pen hasta un 40% en la segunda vuelta, es decir que sólo debería convencer a un 11% más para ganar la elección en la primera. El vértigo se instala en Francia.

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