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PALMERAS SALVAJES

Dios se reivindica en el cristianismo

Cualquier privilegio que se reclame para un privilegiado siempre es tan ridículo que termina visibilizando una injusticia

No creo que deba hablar yo estrictamente del Día de la Mujer. Porque uno de mis asuntos más recurrentes es el de escribir de la inutilidad, o el ridículo, que supone para un periodista tratar de "ponerse en la piel de" para sentir lo mismo. En relación al feminismo hace tiempo que decidí denunciar situaciones concretas que haya observado como agravios y no aspectos generales de las cuales habla con mucha más autoridad una mujer. Yo como hombre te puedo hablar del machismo, que es de lo que entiendo y ejerzo de forma involuntaria en muchas ocasiones sin tener que ponerme en la piel de nadie.

Del Día del Hombre, por ejemplo. De esos hombres que piden igualdad reclamando el Día Internacional del Hombre. Como si Dios necesitase reivindicarse en el cristianismo. A mí me gustaría homenajearlos reclamándolo yo también para ver cómo sería un día así en igualdad de condiciones. Un Día del Hombre para que el hombre tenga los mismos sueldos que las mujeres, la misma presencia en los consejos de administración, medios de comunicación, élites empresariales, políticas, judiciales y legislativas. Un Día del Hombre que reclame la igualdad real y efectiva del hombre con la mujer en todos los ámbitos. O sea, que si uno lo piensa bien el Día del Hombre que reclama el machismo no es más que lo que ya celebramos hoy, el Día de la Mujer. Te das cuenta: cualquier privilegio que se reclame para un privilegiado siempre es tan ridículo que termina visibilizando una injusticia.

Hoy se preguntaba Pepa Bueno hasta cuándo vamos a considerar tolerable que a la mitad de la población le ocurran estas cosas. Uno de los primeros pasos es que los hombres callemos y escuchamos ahora al menos el doble de tiempo que lo estuvieron las mujeres.

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