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Salvemos el baloncesto

La liga española está comenzando a diluirse como un azucarillo en un café

La próxima asamblea de la ACB pondrá sobre la mesa un posible cambio de estructura de competición para hacer el baloncesto español más atractivo. Y está bien. Algo hay que hacer. Porque la liga española está comenzando a diluirse como un azucarillo en un café.

En esta época en la que estamos obsesionados por medirlo todo, las últimas audiencias reflejan un dato aterrador: la pasada final de la copa del rey (la que se califica como competición más emocionante de todo el basket) no alcanzó un seguimiento de 400.000 personas. Compararlo con el año pasado asusta. Se han perdido más de un millón de espectadores por el camino. Y es mejor no forzar la comparación futbolera. La final Barça-Sevilla del año pasado llegó a picos de más de 10 millones de personas.

Cerrar los ojos a la evidencia sería una temeridad. ¿Qué le está pasando a nuestro baloncesto para que progresivamente la liga tenga menos seguimiento?

¿Qué está pasando?

En mi humilde opinión ocurren muchas cosas. Aquí van algunas de las que he visto pasar en los últimos años y se ha “pasado” de solucionar por parte de los que mandan.

Creo que una de las causas que hace perder interés la encontramos en la no continuidad de las plantillas de los equipos. Es difícil que el aficionado se identifique con los colores de unos jugadores que duran menos en el equipo que un pastel a la puerta de un colegio. Además faltan jugadores españoles (los más sencillos a la hora de tener afinidad). Es un hecho, que los equipos que conservan las plantillas por más tiempo tienen más seguidores. Y si hay jugadores nacionales más. Y si luego los equipos conservaran su nombre entraríamos en una especie de paraíso. Un seguidor del Estu ha pasado a serlo de Asefa para acabar siendo un hincha de Movistar. Y si eres de Manresa ya para que contar. Debe ser difícil gritar “Asignia Asignia” o presumir por ahí que eres seguidor de la Bruixa D´Or. Por evitar aquelarres más que nada…

El sistema de fichajes. El aficionado medio o nuevo no entiende los cambios continuos en los equipos. El Betis ha fichado hace nada a dos jugadores. ¿Cuánto se puede fichar? ¿Cuándo se puede fichar? ¿A quién se puede fichar? El seguidor se pierde en una maraña de normas que le da pereza entender y menos ponerse a investigar.

Los horarios. Que los equipos jugaran el mismo día a la misma hora sería un avance. Si no se puede dar esa conjunción astral de la misma hora, cuanto menos, el mismo día. Esta semana hay partido en cinco horarios distintos. Y dos días diferentes. Ya hay bastante lio con saber que competición juega tu equipo con Euroliga, Eurocup y Champions para encima no fidelizar un horario. Crear el hábito de que, por ejemplo, los domingos a las doce es hora de canastas sería un avance. Un avance que seguro las teles no quieren.

Y encaramos otro problema. El baloncesto se ha echado en manos de las televisiones. Los gurús del basket prefieren audiencias minoritarias entendiendo que lo importante es que se les vea en algún sitio. A ellos y sus patrocinadores. Suena a pan para hoy y hambre para mañana. Quiero dejar claro que las transmisiones actuales de los compañeros de Movistar Plus son una pasada. En calidad de imagen y comentaristas. Pero no todo el mundo quiere pagar por ver baloncesto en la tele. Y eso restringe su seguimiento. Y, sin acritud, en muchas ocasiones TVE cuidó el producto como yo cuidaría a un Grenmlim bajo el agua. Huyendo de él y con muy poco mimo. La promoción del basket en los espacios informativos era a veces de una duración tal que te levantabas a beber agua y te lo habías perdido.

Y así alcanzamos la reforma de las normas de competición. La única opción parece que ven los que mandan en el baloncesto español para mejorar el producto. Una búsqueda de la piedra filosofal que a estas alturas anda más que escondida. Para mi lo ideal pasaría más por reducir el número de equipos que por cambiar el modelo competitivo. Pero esa disminución de equipos los que se ven en peligro de descender no quieren ni oírla (como si descendieran muchos pensareis). Así que, desestimada la liga de 16 conjuntos (lo que yo intuyo lo mejor) nos vemos abocados a pensar en física cuántica competitiva. Una idea a priori chula sería hacer que el campeón de liga regular alcanzará por decreto la final. Y del segundo al noveno jugaran un play-off a partido único en cancha del equipo mejor clasificado. Y luego la final al mejor de tres. Rápido, intenso, divertido, digno de atención mediática e interesante. Pero imagino que no será la solución que se alcance. Los que mandan en nuestro basket me han convertido en un pesimista por naturaleza.

Peor que en los años 80

El resumen es que nos plantamos en marzo de 2017 con audiencias inferiores a la de los años 80. Con una identificación entre equipos y aficionados ínfima (esas épocas de conocer el quinteto de tu equipo de memoria han pasado a la historia). Con un grupo de gente joven que sabe perfectamente que significa NBA pero que no saben si la liga española es la ACB, la Endesa o la ASOBAL. Y con unos relevos de dirigentes en la estructura de mando que han hecho del antiguo Eduardo Portela el Bill Gates de esto.

Pensando en que gracias a Portela cualquier tiempo pasado fue mejor ahora nos amenaza en calidad y tirón la VTB, la turca y hasta la liga griega. De momento es una amenaza. Si no queremos que pase de amenaza a “sorpaso” habrá que ponerse manos a la obra. Y los andamios de la obra de nuestro basket se están empezando a caer. Deseo de los arquitectos al mando un buen trabajo. Me gustaría contarles a mis sobrinos pequeños cuando crezcan que la ACB fue un día algo más que una suerte de trabalenguas de comienzo de abecedario.

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