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LA ENTREVISTA

El cartógrafo de las vanguardias

Juan Manuel Bonet, poeta y crítico de arte, se estrena como director del Instituto Cervantes

Bibliófilo empedernido, en su biblioteca atesora más de 50.000 volúmenes comprados en los países a los que ha viajado. Su pasión por las letras le ha hecho merecedor del cargo que acaba de estrenar. Juan Manuel Bonet (París, 1953) acaba de ser nombrado director del Instituto Cervantes, de lo que se siente muy orgulloso: “El español goza de muy buena salud. Somos primera división.” Hasta ahora ocupaba la sede del instituto en París, donde fue destinado en 2012.

Ensayista y poeta, Bonet tiene además una extensa carrera como gestor cultural. Antes de pasar por el Cervantes de París dirigió el IVAM de Valencia y el Museo Reina Sofía, en Madrid. La suya ha sido siempre una mirada atenta a los artistas menos conocidos y a todo aquello que destilara renovación: “En España la vanguardia ha tenido mucha conciencia de tradición.” Su Diccionario de las Vanguardias en España (1907-1936) es todo un referente, marcó un antes y un después en el estudio del arte en nuestro país.

Ahora tiene en sus manos la gestión del Cervantes, la casa común de más de 500 millones de hispanohablantes. Afronta una etapa crucial porque aterriza en un momento delicado económicamente. El instituto dispone de un presupuesto anual cercano a los 115 millones de euros, una cifra muy lejana a la de otros presupuestos de casas similares como el Bristish Council o el Goethe alemán. Bonet tendrá que lidiar con el lastre de la estrechez económica, un arranque difícil.

Sus nuevas obligaciones no le impedirán seguir soñando con arte, libros y poesía. Una biblioteca es una especie de autobiografía y la suya seguirá acogiendo todas esas joyas que le esperan en las librerías de viejo y anticuarios madrileños. Confiesa que una de sus pasiones es husmear en El Rastro. Ya instalado en la capital, Bonet ha recuperado ese antiguo vicio. Todos los domingos, si su agenda se lo permite, cumple el mismo ritual. Queda a las ocho de la mañana con algunos amigos como el escritor Andrés Trapiello para recorrer las angostas calles del centro de Madrid en busca de los tesoros más insospechados: cacharros viejos, libros, cuadros, partituras antiguas… Casi todo vale. Así es como Bonet seguirá conformando una colección con la que cualquier amante de antigüedades soñaría: “Adoro lo nuevo, pero me enamora lo viejo.”


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