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¿Por qué la mayoría de filósofos no tienen hijos?

Irene Lozano reflexiona sobre si la existencia filosófica, dedicada al pensamiento, lleva al desapego personal

Montaje fotográfico con imágenes de los filósofos más notorios de la historia. /

Ser padre va mucho más allá de esta escena de amor y protección de buscando a Nemo. Nos lleva a situaciones antes nunca vividas, para bien o mal. En los parabienes están las relacionadas con lo sentimental y en los paramales, palabra que inventamos con el permiso de Isaías Lafuente, que ya trabaja en la edición número 501 de la Unidad de Vigilancia, están las cuestiones más prácticas de la vida, que no siempre son agradables. Esta segunda parte ha debido pesar mucho en los grandes nombre de la filosofía, que en su gran mayoría, nunca fueron padres.

Cuenta Marina Garcés en su libro Filosofía inacabada que la existencia filosófica lleva a los filósofos al desapego de los intereses más particulares y prácticos de la vida. Y añade que "es habitual en los filósofos, a lo largo de la historia, no haber tenido hijos y, en tiempos actuales, por ejemplo, no conducir. La del filósofo es una vida particular entregada a un problema universal. Una voz singular en busca de una razón común". De hecho, cuando un padre filósofo ha conversado con un hijo, en el fondo lo ha hecho con toda la humanidad. Lo hizo Aristóteles con Nicómano o nuestro Fernando Savater con Amador. Quizá se deba al dato que revela Pierre Riffard en su libro La vida íntima de los filósofos, y es que el 68% quedaron huérfanos antes de los cinco años.

Los inmensa mayoría de los filósofos de la Antigüedad ni se casaron ni tuvieron descendencia. Ni Platón ni Sócrates tuvieron hijos. "Platón en La República habla de que los hijos no deben crearse en las familias, porque los padres están capacitados para tenerlos, pero no para educarlos. Y proponía que hasta cierta edad fueran educados por maestros y sabios, por lo que apoyaba una educación igualitaria para hombres y mujeres". 

El que sí estuvo casado fue Aristóteles, que llegó a tener dos vástagos. De hecho, se dijo durante siglos que su obra Ética a Nicómano estaba dedicada a uno de sus hijos. En la actualidad, muchos estudiosos de su obra ponen lo ponen en duda y apuntan a que lo más seguro es que otros autores pusiesen ese título a posteriori.

Entre los filósofos modernos, de los siglos XVII y XVIII, encontramos muchísimos de que no se casaron ni tuvieron hijos: "Hobbes, Locke, Hume, Adam Smith, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Bentham... Pero lo más terrible fue el comportamiento de Rousseau, que llegó a tener cinco hijos y a los cinco los abandonó en orfanatos. Él mismo se retrata como muy egoísta". Y, a pesar de todo, escribió el Emilio, un libro sobre la educación de los niños que fue muy importante, porque no solamente iba dirigido a las clases altas sino que también hablaba de educar ciudadanos. Aunque, no obstante, rezuma machismo, ya que creía que las mujeres debían ser educadas únicamente para satisfacer al hombre.

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