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1-0Incautadas millones de papeletas con las respuestas ‘sí’ y ‘no’

Palmeras Salvajes

Lo que merece la pena

Como no llegó el momento del perdón sino el del repliegue, hay que poner la inmoralidad a la vista

Una de las preguntas más pertinentes que se le puede hacer hoy en día a un miembro de ETA es si ha merecido la pena. Es pertinente porque cualquier respuesta es inmoral, y precisamente una de las necesidades de este tiempo sin pistolas es dejar en evidencia que se acaba la violencia pero no el discurso que la legitima. Como no llegó el momento del perdón sino el del repliegue, hay que poner la inmoralidad a la vista.

La pregunta, por cierto, se la hizo el periodista Pablo Ordaz a dos expresos en un reportaje que publicó este domingo El País. Es un gran momento, como todos los momentos tristes. Uno de ellos tiene "la tranquilidad" -dice- de que al menos lo intentó. Otra, que tomó la decisión con plena conciencia aún sabiendo que el abanico que le esperaba era gris: muerte, carcel o desaparición. Ella se refiere a su expectativa al integrar una banda terrorista, él se refiere a su tranquilidad a intentarlo al menos.

Para los dos se trata de una cuestión personal: algo que les atañe a ellos. Como si en lugar de tomar la decisión de asesinar hubiesen tomado la decisión de iniciar un Erasmus y diesen ahora sus impresiones. Esa forma tan profesional y ensayada de pasar por alto los cadáveres, esa manera de construir un discurso que mande al limbo a las víctimas y dedicar el pensamiento a una especie de autoayuda.

Eso es lo que queda por combatir y no es poco. La necesidad de preguntar al mundo que justificó el terrorismo si mereció la pena. Hasta que a la hora de responder no quede nadie mirándose en el espejo y sí miren, aunque sea de reojo, a las personas que podrían responder mejor a esa pregunta si no estuviesen muertas.

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