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Jorge Juan

Los sesenta años del recorrido vital de Jorge Juan y Santacilia (Monforte del Cid, 1713-Madrid, 1773) llenan parte importante de nuestro siglo XVIII -un siglo denostado por el pensamiento más tradicionalista al considerarlo el menos español de nuestros siglos de historia común- y se desarrolla a lo largo de tres reinados, el de Felipe V, Fernando VI y Carlos III.

Retrato de Jorge Juan y Santacilia (Museo Naval de Madrid). /

Jorge Juan Pertenece a una generación de marinos ilustrados, salidos de la Academia de Guardiamarinas de Cádiz donde se formaban los oficiales de la Armada. Cuando fue alumno en ella, entre 1730 y 1734, sus compañeros lo bautizaron como Euclides, dado su talento para las matemáticas. Allí se forjaron sus conocimientos científicos, configurados por estudios de matemáticas, física, cálculo, astronomía, náutica…

En el Mediterráneo luchó contra los piratas berberiscos, una amenaza para las poblaciones costeras españolas. Participó en la campaña de Orán y en otras expediciones en aguas de aquel mar. Felipe V lo designó, junto al sevillano Antonio de Ulloa, para formar parte de la expedición científica, promovida por la Academia de Ciencias de París, cuya misión era medir el arco del meridiano en el ecuador y demostrar que la Tierra estaba achatada por los polos. Esos trabajos se prolongaron durante casi una década (1736-1744) y estuvieron llenos de dificultades. En dicha misión también recibió el encargo de realizar un informe sobre la situación en que se encontraban aquellos territorios. Fruto de ello fue un trabajo donde se revelaban las malas condiciones militares de nuestro imperio colonial y las graves carencias para defenderse de ataques enemigos. Así mismo denunció los abusos que virreyes, corregidores y otras autoridades, incluidas las eclesiásticas, cometían con los indios. Cuando regresó a España Felipe V había muerto y ocupaba el trono su hijo Fernando VI. Pese a que por los méritos contraídos se le ascendió a capitán de navío, sufrió una gran decepción ante la fría acogida que se le dispensó. No se mostró interés por sus trabajos y, dada la lamentable realidad de aquellas latitudes, descritas en las Noticias Secretas, se prohibió su publicación. También tuvo serias dificultades para dar a la estampa sus Observaciones astronómicas y físicas hechas en los reinos del Perú, al encontrar la Inquisición algunas afirmaciones consideradas heréticas. En ese momento se cruzó en su vida don Zenón de Somodevilla y Bengochea, marqués de la Ensenada, secretario de Hacienda, Guerra y Marina e Indias. Ensenada consideraba Gran Bretaña una amenaza para España, al ambicionar introducir en las Indias sus mercaderías. Era imprescindible tener un poder naval capaz de defender nuestro imperio colonial y que el ministro cifraba en sesenta navíos de línea y otras tantas fragatas de guerra, número alejado de la realidad que ofrecía la flota española. Puso en marcha un programa de rearme naval para alcanzar esos objetivos.Gracias a la intervención del ministro y algunas concesiones por parte de Jorge Juan, como aceptar que las teorías de Copérnico sólo eran hipótesis no demostradas, se removieron los obstáculos inquisitoriales para la publicación de su obra. Su relación con el Secretario de Guerra y Marina se consolidó y dio lugar a una de las mayores aventuras vividas por Jorge Juan.

El espía del rey

Ensenada, aprovechando una invitación de la Royal Society a Jorge Juan para impartir algunas conferencias le encomendará la más arriesgada misión de su vida: obtener información acerca de las técnicas de construcción naval inglesas. Era ejercer de espía para hacerse con un importante secreto de Estado. A su regreso a España fue nombrado director de los arsenales peninsulares. Implantará el modelo de construcción inglés y los dotará de las más modernas técnicas. Asumirá la dirección de la Academia de Guardiamarinas de Cádiz e impulsará la creación de un Observatorio Astronómico. En estos años gaditanos creó una tertulia, la Asamblea Amistosa, y escribió el Compendio Marítimo y el Examen marítimo teórico práctico, su obra cumbre, que despertó la admiración de Europa. Con la llegada al trono de Carlos III prestaría su último servicio. Una misión diplomática ante el sultán de Marruecos para conseguir un tratado de amistad que pusiera fin a los continuos enfrentamientos que habían presidido las relaciones entre ambos países. El resultado fue un ventajoso acuerdo para España. A su regreso a Madrid, cansado y enfermo, se le encomendó la dirección del Real Seminario de Nobles. El cargo no le impidió trabajar en nuevos proyectos científicos como la puesta en marcha de una bomba de agua movida por vapor, la primera que se construía en España. Moría en su casa de la madrileña plaza de los Afligidos el 21 de junio de 1773, como consecuencia de un “accidente alferético”. Fue enterrado en la parroquia de San Martín. En 1808 los franceses los depositaron a los sótanos del Ayuntamiento madrileño en espera de construir un panteón para españoles ilustres. Pero el proyecto no se llevó a cabo. En 1865 se trasladaron sus restos a San Fernando, al Panteón de Marinos.

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