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LA COLUMNA DE ALMUDENA GRANDES

Bocazas

Los bocazas han existido siempre. El elitismo, el machismo y el racismo son, por desgracia, eternos, pero esta cosecha de excesos me parece llamativa

El presidente del Eurogrupo se queja de que los países del sur se gasten el dinero en licor y mujeres, y luego pidan un rescate. El vicepresidente del COI, por su parte, se duele de que cada vez haya menos ciudades candidatas a organizar unos Juegos Olímpicos, por culpa de los populismos que vuelven a sus ciudadanos en contra, con el argumento de que el dineral que cuestan unas Olimpiadas se podría invertir en necesidades más urgentes. Artur Mas, por último, dice que la realidad política catalana ya no es española, pero recurre su inhabilitación política al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña invocando el amparo de una Constitución que considera ilegítima. Todo esto ha pasado en una sola semana y se no ha acabado todavía.

Los bocazas han existido siempre. Los padres de la patria que hablan sin pensar en lo que dicen, también. El elitismo, el machismo y el racismo son, por desgracia, eternos, pero esta cosecha de excesos me parece llamativa. En otra época, la habría atribuido al azar, pero hoy no me puedo quitar de la cabeza la cuenta en Twitter del presidente Donald Trump, ese gran bocazas que domina el mundo con dos dedos, los que usa para escribir en su móvil exabruptos que no merecen siquiera el nombre de pensamientos. Lo grave, por supuesto, no es que se digan estas cosas, sino que se piensen. Pero si el freno de las palabras se rompe con tanta facilidad, mañana los prejuicios se disfrazarán de ideas, y muy pronto se convertirán en hechos. Eso es precisamente lo que pretende Trump, y por lo visto, empiezan a sobrarle seguidores.

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