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LA COLUMNA DE ALMUDENA GRANDES

Bochorno

La versión de Heridia sobre los hechos del 1 de octubre de 2016, aparte de falsa, es tan tóxica, que da hasta vergüenza que intente arreglarlo pidiendo disculpas

Cuando Jeroen Dijsselbloem modernizó el estribillo de un viejo éxito de Manolo Escobar, ¡viva el vino y las mujeres!, pensé que sus declaraciones representaban una proeza literaria. Antes de oírle, me parecía imposible concentrar tantas ideas odiosas en una sola frase. Sin embargo, después de escuchar las palabras que Miguel Ángel Heredia, secretario general del grupo socialista en el Congreso, dirigió a un grupo de jóvenes de su partido, me inclino a conceder un premio ex aequo. Porque Dijsselbloem fue más sucinto, pero la proporción de enormidades por oración gramatical es similar. Nadie dirá que los españoles no somos competitivos.

Justo es reconocer que existen diferencias sustanciales entre ambos casos. Dijsselbloem no mentía, Heredia sí. Y si mintió al inventarse una conversación con el secretario general de Comisiones Obreras, es obvio que el objeto de aquella conversación también era mentira, que Sánchez no había llegado a ningún acuerdo con los independentistas para gobernar, que no existía ninguna causa mayor para derrocar de mala manera a un secretario general elegido por los militantes. Es cierto que Dijsselbloem hablaba ante un micrófono y que Heredia no sabía que le estaban grabando, pero aún así, su versión sobre los hechos del 1 de octubre de 2016, aparte de falsa, es tan tóxica, que da hasta vergüenza que intente arreglarlo pidiendo disculpas. Aunque todavía da más miedo calcular cuántas veces se habrá repetido el mismo discurso mientras la gestora acusaba a Sánchez de hacer trampas con el crowfunding.

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