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MEDIO MINUTO

Grietas en Cataluña

A estas alturas, la idea de que la independencia es imposible empieza a no ser discutida.

El regreso de las vacaciones vuelve a situar el foco sobre Cataluña. La agenda política del ejecutivo catalán va de tropezón en tropezón: una crisis de confianza entre los socios de gobierno, un intento fracasado del president de encontrar apoyos externos para su causa y un debilitamiento general del llamado procés. Y aunque es evidente que todo se está moviendo, no se deben confundir los agrietamientos con el final del proyecto político de los grupos partidarios de la independencia, que según la encuesta de ayer de El País, en el peor de los casos retiene un 31% de apoyos y escala hasta el 44% en su nivel máximo de respaldo. Pero lo cierto es que con un probable referéndum en el horizonte, sobre cuya convocatoria vuelve a situarse el margen de credibilidad del proceso, y unas nuevas elecciones autonómicas, los dos bloques, el soberanista -algo a la baja-, y el no independentista, mantienen niveles similares de apoyo en las encuestas. Más interesante resulta observar cómo ERC y los restos de Convergencia se reparten los apoyos disponibles, con ventaja franca para el partido de Oriol Junqueras, que de entrada no quiere repetir coalición electoral con el Pdcat, que lleva sobre sus espaldas el estigma de la corrupción y un vacío de liderazgo.

La encuesta de Metroscopia certifica algo relevante: de forma muy significativa se producen deserciones en el bando independentista cuando se propone el establecimiento de un nuevo marco competencial con Cataluña dentro de España. Y hoy en La Vanguardia otra encuesta detalla cómo gana terreno la idea de un reférerendum. Es decir, que la solución continúa esperando en la política. Y no solo respecto a los que quieren abandonar España, sino a los que desean lo contrario, que son los ciudadanos que con más motivos deben llevar años sintiéndose huérfanos, sin que el Estado les ofrezca perspectivas y soluciones. Veremos si se convoca el referéndum y si se hace con qué objetivo concreto. Pero en cualquier caso a estas alturas, la idea de que la independencia es imposible empieza a no ser discutida. E incluyamos aquí la reflexión de los dirigentes convergentes sobre la posibilidad de un candidato autonomista si fracasa este nuevo intento.

A la vez, la Justicia se ha puesto manos a la obra y en esta ocasión esa convocatoria tiene realmente muy complicado saltarse la ley. Políticos y técnicos se miran de reojo y se tientan la ropa antes de firmar cualquier documento que los conduzca a la imputación judicial y la inhabilitación. Las empresas suministradoras, acción de la fiscalía mediante, se han retirado del proceso. Es lo que viene siendo el aparato del Estado, que afrontaba este segundo ensayo mucho más armado que el primero. Se supone que los independentistas tenían previsto que no les iban a facilitar un referéndum ilegal para separarse de España. Y eso sin que el gobierno tenga que desempolvar el célebre articulo constitucional del calibre 155.

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