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LA FIRMA

La podredumbre no tiene límites

La directora de 'Hora 25' reflexiona sobre la podredumbre que ha destapado la Operación Lezo y que no solo afecta a la clase política, sino también a la judicial y periodística

¿Hasta dónde llega la podredumbre en este país? Porque parece no tener límites, porque parece que nada ni ningún ámbito escapa de ella. Esta semana está siendo especialmente reveladora en este sentido.

Ayer era detenido el expresidente madrileño, Ignacio González, quien, presuntamente, se sirvió del Canal Isabel II para enriquecerse. Todo el mundo intuía que no era trigo limpio, pero nadie dijo nada, a pesar de su nivel de vida, de sus casas, de su manera de vivir. Ni siquiera se enteraba de ello quien le aupó. Esperanza Aguirre, que hoy ha vuelto a sacar a pasear su imagen de doliente para decir que quién lo iba a decir, que su Nacho era también un corrupto y que ella, que tantas horas compartió con él, no tenía ni idea. Una pobre víctima de la corrupción que le rodea.

A la podredumbre política podemos sumar la judicial. Más grave que la detención de un ex presidente autonómico son las maniobras del fiscal anticorrupción para frenar alguno de los registros que implicaban a Ignacio González. Maniobras frenadas, afortunadamente, por la junta de fiscales que tuvo que echar mano del artículo 27 del estatuto de la fiscalía para frenar las intenciones de su jefe.

Pero hay más, la podredumbre periodística. Hoy el director y el presidente del periódico La Razón han declarado como imputados por sus presuntas coacciones a la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, para que no revelara las irregularidades en el Canal Isabel II. Para que se hagan una idea, Marhuenda llama a Cifuentes zorra entre otras lindezas. El macho Marhuenda calificando a una mujer.

Políticos presionando a fiscales que pretenden obstruir una instrucción, periodistas coaccionando a políticos para que no hagan lo que tienen que hacer, políticos robando, políticos que no se enteran o que hacen que no se enteran de que hay políticos que roban.

Y en la cresta de todo esto un presidente del gobierno que hoy dice que está encantado de ir a declarar como testigo por el caso Gürtel, que es un síntoma de normalidad. Tan normal es su declaración que su partido la ha calificado de abuso de derecho y ha descalificado tanto a los jueces que la han requerido como a la acusación que la ha pedido.

Todo muy normal. Tan normal que parece que ya ni siquiera nos escandalizamos. Vamos a ver qué será normal mañana.

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