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LA MIRADA

La vida que esconde la madrugada

Nuestra manera de estar en el mundo

Antonella ha conocido a un hombre veinte años mayor que está centrado en su trabajo y en su hija. Esta estudiante se pregunta si merece la pena seguir con una relación en la que ella no es la prioridad.

Cuarenta y un años tiene Gari. Hace treinta que le diagnosticaron anorexia. Desde entonces se ha sometido a todo tipo de terapias, pero ninguna le ha ayudado a curarse. Dice que la cirugía cerebral es su única esperanza y que entiende que su familia no le comprenda porque esta es una enfermedad que “no tiene lógica”.

Dos años tenía Mari Ángeles cuando una Semana Santa se perdió entre la gente. Su madre la encontró a la seis de la mañana sana y salva, sentada en la acera, mirando al suelo y esperando a que vinieran a por ella.

Cuando Mari Carmen se perdió era algo mayor que María Ángeles. Ocurrió hace poco. Estaba en Fátima cuando el autobús de la parroquia que la había traído hasta ahí se fue sin ella. En vez de asustarse decidió disfrutar de la experiencia y recorrer el santuario sola.

María se presentó ante nosotros como filósofa y bipolar. Nos contó que tiene su diagnóstico a raya y, que desde que fue capaz de observar su realidad desde fuera, no hay nada que le impida llevar una vida plena.

74 años tiene Amparo y una de estas madrugadas se acordó del tomate erótico que la naturaleza hizo para ella. Su amigo lo recogió del huerto y lo tuvo un tiempo guardado en el congelador.

María llamó para hablarnos de la despedida de soltera que le prepararon a su hija, a la que subieron en un tren hacia destino desconocido. No pudimos concentrarnos en lo que estaba diciendo porque su marido roncaba de fondo y a todos nos hizo mucha gracia.

Carmen solía gestionarse bien la soledad hasta que su amiga se quitó la vida. Dice que cada día que pasa le pesa más y que poco a poco está acabando con ella.

Esta semana supimos que a Antonio no le gustan los hombres, que sólo le gusta un hombre... y otro Antonio, que es homosexual, al escucharlo aseguró que hay demasiados hombres que no tienen clara su sexualidad y que repiten frases como esta.

Eduardo Mendoza recibía el jueves el Premio Cervantes y definía estos tiempos como confusos e inciertos. “No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos porque somos una especie atolondrada y agresiva, y quizá mala. La incertidumbre y la confusión a las que yo me refiero son de otro tipo. Un cambio radical que afecta al conocimiento, a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo”.

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