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El perdón curativo de un padre que perdió a su hijo

Joan Puig sufrió la muerte de su hijo en un accidente de trafico hace dos años. En un momento de su vida sintió la necesidad de perdonar a la persona que provocó el accidente

Esta mañana ojeando el periódico La Vanguardia nos ha llamado mucho la atención una carta al director. Su autor es Joan Puig, y habla fundamentalmente del perdón. Joan sufrió la muerte de su hijo en un accidente de trafico hace dos años y cuenta que en un momento de su vida sintió la necesidad de perdonar a la persona que provocó el accidente. Y lo hizo. Le llamó, quedó con él y le abrazó. “Hay mucha gente metida en estos pozos de tristeza, resentimiento, y necesita saber que hay salida. Yo encontré una salida”, relata.

“No es nada fácil hablar abiertamente de este tema”, reconoce Joan. La carta al director la escribió a raíz de leer un artículo en ‘La Vanguardia’, ‘Victimas invisibles del drama del asfalto’. Le conmovió el testimonio de unos padres que habían sufrido algo semejante, pero no habían logrado perdonar. “Mi experiencia es distinta. Es la misma, pero he vivido un proceso en el que en un momento dado he podido dar un paso”.

Han pasado dos años desde la muerte de su hijo y el tiempo, dice, “ayuda a recomponer los paisajes vitales”. Este no es un tópico, es la realidad: “ayuda a reconstruir siempre que haya una voluntad positiva para que se pueda reconstruir”. Pero el tiempo, a veces, no es suficiente, porque “perdonar un caso como estos es casi inhumano”. Es fácil que perviva “el sentimiento de que te han quitado violentamente, y además negligentemente, un hijo”.

Joan Puig cuenta que la necesidad del perdón le llegó súbitamente. No fue nada premeditado. Él iba viviendo este proceso interior de voluntad de tirar para adelante, hasta que un día supo del dolor que tanto quien provocó el accidente como su familia sufrían. Aquel día, Joan sintió la necesidad de dar un paso. “La manera de salir del pozo del dolor, la tristeza y el resentimiento era afrontar un cara a cara con otra persona con la que me une el dolor”.

Llamó por teléfono; a las dos horas se encontraron. “Nos pusimos a llorar los dos, a pedirme perdón él”. Y Joan: “sólo se decirte que en el dolor nos sentimos próximos”. Entonces, explica, se dio cuenta de que la persona humana es insondable, y somos fruto de las circunstancias. “Sentí la necesidad de decir ‘Aquí me tienes, la vida te da otra oportunidad. Aprovéchala, y si en algo te puedo ayudar aquí estoy’”.

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