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MEDIO MINUTO

De aquellas toallas, estos lodos

Si la corrupción vuelve a acorralar al PP es porque la dirección nacional no se actuó pese a muchas evidencias y sospechas que tenía sobre muchos personajes, entre ellos, de forma especial, Ignacio González. Solo dos muestras: la fotocopia que tenían en Génova de la supuesta mordida de 1,4 millones que recibió González en un banco de Suiza a cambio de adjudicaciones a OHL; o el vídeo del propio ex presidente de Madrid cargado con una bolsa llena de "toallas" en un oscuro viaje a Cartagena de Indias. O, hace ya 11 años, cuando alguien le pegó fuego al coche de Francisco Granados, lo que permitió conocer que el vehículo estaba a nombre de una constructora que operaba en Valdemoro, municipio del que fue alcalde antes que consejero. No se necesitaba mucho más para haber apartado a ambos. Y así, con decenas de cargos públicos, especialmente en Madrid, Valencia y Baleares. González le hacía quebrantos millonarios al dinero de todos para llevarse comisiones y financiar a su partido, al tiempo que imponía un euro por receta o cerraba los comedores escolares. Triste liquidación de la escuela liberal aguirrista, la zombi política que fue mentora de Granados y González.

Cifuentes por su parte sale refrozada del embrollo. El primer mérito de Cifuentes no ha sido actuar con honradez denunciando los hechos, sino que lo ha hecho en un entorno complicado, con presiones de todo tipo y especialmente para que limitara su declaración ante el juez sobre las presuntas coacciones del presidente y el director de la Razón. Hasta ahora ha sido la dirigente popular que ha ido más lejos al actuar contra la corrupción en su propio partido, empujada también por la comisión de investigación que está operativa en la cámara madrileña. Pero lo más interesante es que establece jurisprudencia. Marca una línea roja: ya saben a partir de ahora, por si no lo sabían, cómo han de actuar el resto de cargos públicos del PP.

Mientras, el PP aparece de nuevo como un partido devorado por la corrupción. Un partido que sigue tambaleándose bajo el bochorno público a la vez que intenta gestionar una complicada legislatura política. A efectos de corrupción el PP parece un partido fallido. No porque se trate de un hecho generalizado, sino por el volumen y la relevancia política de los territorios infectados. Y también por la incapacidad demostrada de su presidente para atajar esta deriva. Cinco de los seis tesoreros que ha tenido el PP han sido imputados por distintos delitos. Más que una casualidad parece un patrón en la calle Génova. Con gran disgusto, el propio Rajoy tendrá que declarar como testigo en el juicio de la Gürtel. Y aunque tiene razón el presidente cuando dice que los españoles deberíamos proponernos hablar mejor de España, habrá de admitir que estos hechos no ayudan mucho. Hay dos incógnitas por resolver: cuánto se le va a complicar y a encarecer la legislatura al PP por este nuevo caso de corrupción, que disuade de cualquier colaboración con el partido manchado. Y también queda por saber cuántos zarandeos más aguanta la estructura del PP y hasta dónde llega la fidelidad de sus votantes.

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