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Dos de mayo

La encuesta que difunde Metroscopia en El País refleja una ira sorda que anuncia tormenta. Se diría que los madrileños andan preparándose para expulsar a lo establecido: al PSOE y al PP

Cada 2 de mayo nos trae resonancias heroicas asociadas a grandes mayúsculas -Patria, Honor, Dignidad- envueltas en banderas que ya es inútil cuestionar porque se han convertido en columnas macizas de nuestra historia.

Dada nuestra proverbial dificultad para poner algo en común, celebramos sin matices aquel feliz hallazgo del enemigo común: el francés, que nos permitió coser una urdimbre unitaria más rara entre nosotros que el unicornio. Aunque hayamos decidido pasar por alto el precio que pagamos: conservar el oscurantismo y perdernos la Ilustración, una factura que aún no hemos logrado liquidar del todo.

El hecho es que en la actualidad el 2 de mayo es un día como otro cualquiera, salvo en la Comunidad de Madrid dónde es festivo y donde la ciudadanía se toma un respiro después de la tromba de desmanes de que ha sido objeto por la corrupción. Una ciudadanía que acostumbraba ser la diana de todos los tomatazos que, procedentes de todas Españas llueven sobre la Corte, ha desarrollado una extraña mezcla de pasotismo y de espíritu zen.

En apariencia, porque la encuesta que hoy difunde Metroscopia en El País refleja una ira sorda que anuncia tormenta. Se diría que los madrileños andan preparándose para expulsar a lo establecido: al PSOE y al PP, en los cuales concentran todos los símbolos del hartazgo. Diríamos que son la versión actual de los franceses de aquel 2 de mayo.

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