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EL DIETARIO

La cultura antifascista ha funcionado una vez más

Josep Ramoneda, sobre la victoria de Emmanuel Macron en las elecciones francesas

En Francia, la cultura antifascista ha funcionado una vez más y el novato Macron se ha acercado al sueño imposible de Giscard d’Estaing de federar a dos tercios de los franceses. Pero el nuevo presidente sabe que la foto de la noche electoral es la del instante republicano, no de la adhesión a su figura y a su proyecto. De ahí la sobriedad, la gravedad y la prudencia en la celebración de su victoria. Macron ha percibido que el malestar está en el aire y que si quiere disponer de una mayoría presidencial tendrá que seducir a muchos de los que le votaron a contra corazón. ¿Bastará el carisma que emana de la presidencia de la República? El sereno realismo del presidente contrasta con el frívolo entusiasmo del europeísmo de carril. Si es indicio de que el nuevo líder francés no está allí para que todo siga igual, como algunos desean, sería una gran noticia.

La primera prueba estará en la elección del primer ministro que deberá conducir la campaña de las legislativas. Que una persona sin experiencia ni partido como Macron haya podido pasar en un año de cero a la presidencia de la República es un indicio de la obsolescencia de los partidos políticos tradicionales. Los electores se aferran a las personas porque no creen en unas estructuras oxidadas. Se equivocaría Macron si se apoyara en una coalición de tránsfugas de los republicanos y de los socialistas. Caras que cansan solo de verlas.

La noticia que pasó desapercibida: la ausencia absoluta del partido socialista de la noche electoral. Vimos a Le Pen abriendo la batalla por el liderazgo de la oposición, vimos a Melenchon enrabietado pidiendo guerra, vimos el malhumor de los republicanos atrapados en la división y la derrota y vimos la euforia de los centristas, con Bayrou entusiasmado porque el relevo que él empezó por fin llegaba a la meta. De los socialistas, sólo aparecieron los corifeos de Macron. El PS después del estirón conservador que le dieron Valls y compañía está muy cerca de partirse en tres: los liberales que ya están con Macron, los socialistas que miran a Melenchón y, en medio, un puñado de patriotas del partido decididos a resistir. Aviso para navegantes: Patxi López tiene razón; cuando las cosas se hacen mal se puede acabar fatal.

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