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OPINIÓN

Nos engañan

Jesús Soria reflexiona sobre las estrategias de marketing que incitan al consumo

Los recursos de las marcas, los estrategas del marketing y los comerciales más avispados no tienen límite. Todo con tal de vender más y a mejores precios. Hemos oído y leído muchas veces que con las cremas solares de protección que, una vez utilizadas durante una temporada veraniega, perdían muchas de sus propiedades. Vamos, que los restos de lo que nos quedó del verano pasado, mejor a la basura. No es verdad.

Un estudio de OCU, Organización de Consumidores y Usuarios, que ha sometido a diferentes muestras a pruebas similares al duro verano y el paso del tiempo, ha comprobado que podemos seguir usándolas de un verano para otro. Vamos que no las tiremos porque continúan siendo perfectamente válidas. Nosotros ahorramos mucho dinero. Las marcas, pierden.

Ahí está el uso de términos como “gen”, “ácido nucleico”, “biotecnología” y otros como ADN, utilizados por los fabricantes de productos de belleza en la publicidad y en sus envases, que son sinónimo de éxito, como bien cuenta José Manuel López Nicolás, colaborador de Ser Consumidor, en su libro “Vamos a comprar mentiras”. ¿Hay algo detrás de estos términos? Nada.

Un producto se vende como el gran salvador para nuestra memoria gracias a su contenido en fósforo. Pocos saben, como denuncia también López Nicolás, que su aportación es mínima hasta el punto que una simple sardina tiene más fósforo que tres cajas del mencionado producto…¡90 veces más!

Ya sabemos las “bondades” de algunos productos lácteos que, durante años y años, tantas madres obligaron a tomar cada mañana a sus hijos pensando que serían la salvación nutricional y de todo. Luego se demostró que de sus supuestas propiedades, nada de nada.

Los expertos saben perfectamente dónde colocar todo en las estanterías para que compremos más: lo que está a la altura de los ojos está más que estudiado que lo compraremos con muchas más facilidad.

Todo lo que se coloca en los cabeceros – los extremos de las estanterías – que es por donde pasa más gente, se venderá también mucho mejor y atraerá más miradas de los que llevamos el carrito.

Los expertos también manejan perfectamente el uso de colores para atraer a los clientela y que el redondeo - que dijeron se acabaría con el euro – nos engatusa: no es lo mismo una fruta a 4 euros que a 3,95. No es lo mismo comprar gasoil a 1,109 cuando en realidad lo pagamos a 1,11… Una miseria que nos entra por los ojos.

En las ventas de coches – incluso de gran lujo - nos engañan con cuotas mensuales asequibles a cualquiera. Ahí escondida siempre está la entrada, importante, pero, sobre todo, lo que habrá que pagar al final de la vida del crédito.

En las rebajas te venden descuentos del 70%, pero muchas veces o no existe o la palabra “hasta” está más que escondida. ¿Cuánto hay al 70%? Una mínima parte, ínfima. Pero entramos…

Juegan con nosotros. Lo hacen bien. Nos engañan. Trampeando. Es su sucio trabajo…

 

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