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Fausto: figura universal del pacto con el diablo

Muchas han sido las leyendas que, a través de los siglos, han tratado el tema del pacto con el Maligno. Sin embargo, la figura de Fausto, el eterno insatisfecho reflejado por Goethe en su genial obra, se ha convertido en el mejor representante de este tema universal.

Hay figuras literarias que se han convertido en mucho más que personajes de papel dentro de historias escritas u orales. El ingenioso hidalgo Don Quijote no es solo el protagonista de nuestra obra más ilustre, sino también el prototipo universal de soñador empedernido, capaz de enfrentarse a todo tipo de obstáculos para conseguir lo que desea, aunque solo él lo entienda. Romeo y Julieta, inmortalizados por William Shakespeare en una de sus obras más importantes, han representado desde hace siglos el amor romántico en su máxima expresión, ese “no puedo vivir sin ti” que supera el propio cariño para convertirse en obsesión…y que suele acabar mal. El persona de Fausto, al igual que los anteriores, representa también un ideal, el del eterno insatisfecho, glorificado por el romanticismo como figura universal de la búsqueda insistente de un conocimiento que tal vez estamos condenados a no alcanzar jamás.

Fausto, sin embargo, toma su origen de la historia real de un doctor alemán que vivió durante la primera mitad del siglo XVI, y que fue conocido en buena parte de la región por sus trucos de magia, por sus saberes ocultos y por su vida disoluta. Ya desde finales de ese mismo siglo XVI, su historia es recogida, en forma de leyenda, por varios libros populares. En ellos ya se hablaba del pacto con el Diablo que este supuesto doctor había llevado a cabo, para alcanzar conocimientos que estaban más allá del alcance humano. Soberbio como era, Fausto pensó que podría engañar al Diablo, pero este se cobró su parte, haciendo explotar su casa en uno de sus experimentos y acabando prematuramente con la vida del doctor.

Después de que esta leyenda de pacto diabólico fuera recogida por el dramaturgo inglés Christopher Marlowe (coetáneo del propio Shakespeare, curiosamente), y años después, también por Golthold Leesing, que fue el primero en imaginar un final feliz para nuestro protagonista, a través de la redención. No fue hasta la llegada de la magna obra de Johan Wolfgang von Goethe, dividida en dos partes, cuando Fausto se convierte en un personaje imprescindible para entender el tema del pacto con el Diablo. La nueva perspectiva que el alemán le otorga a su personaje, enmarcándolo en las corrientes románticas de su época, lo dota de una profundidad mucho mayor. El éxito de la obra es inmediato, y otros literatos, músicos y artistas deciden basarse en ella para explorar un tema tan fascinante como peliagudo.

De Wagner a Berlioz, pasando por Thomas Mann, Gounod u Oscar Wilde, han sido muchos los que se han inspirado en el tema fáustico para hablar sobre la belleza, la juventud, la consecución del poder, la importancia de las decisiones… y sobre todo, para realizar esa pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez: ¿el fin justifica los medios? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir lo que queremos?

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