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MÁS PLATÓN Y MENOS WHATSAPP

La muerte, la única certeza de la vida de la que debemos aprender a hablar

Irene Lozano reflexiona sobre ella y sobre cómo la vivimos y de cómo nos afecta cuando perdemos a un ser querido

Un padre y su hija depositan una flor en una tumba de un cementerio. /

El tema que Irene Lozano ha tratado este lunes en Más Platón y menos Whatsapp  ha sido uno de los que más pensamientos y reflexionas ha generado a lo largo de la historia de la filosofía, pero de los que poco se habla en el día a día. No nos gusta hablar de la muerte, no la contemplamos como algo inmediato. Solo lo relacionamos con la vejez o la enfermedad, pero son muchas las pérdidas inesperadas. En los últimos días hemos tenido además noticias que nos han hecho reflexionar sobre este asunto, como por ejemplo la de los dos jóvenes que perdieron la vida en un ascensor que en teoría estaba en perfecto estado. La otra tenía que ver el atropello de cinco ciclistas en la provincia de Alicante, en el que tres de ellos murieron. Son muerte ineperadas, pérdidas irreparables que nos recuerdan nuestra condición de vulnerabilidad.

Lo cierto, es que cuando nacemos solamente tenemos una única certeza. Y es la de que vamos a morir. Lozano ha recordado que los filósofos griegos reflexionaron mucho sobre ello y que, de hecho, esta condición humana de mortales y vulnerables es el origen de la filosofía. "El hombre comienza a preocuparse por la dureza de la vida, de los peligros de cazar, de parir, del frío y del hambre. Entonces se pregunta quién es. Y la única respuesta verdadera sería solo una, que es mortal", ha explicado la periodista. Después del reconocimiento del finito surgen otras cuatro preguntas que buscan el sentido de la vida: "¿Qué hago aquí en el mundo? ¿Qué es la vida? ¿Qué es mi vida y qué quiero hacer con ella? Y buscando las respuestas, a partir de  esa conciencia de ser mortales, el ser humano empezó a pensar".

Pero no solo las primeras conciencias de mortalidad están relacionadas con la aspereza de la vida. Porque, aunque actualmente sabemos mucho más del ser humano y de su condición, nos hacemos las mismas preguntas que nuestros antepasados. Lo que sucede ahora, ha apuntado Lozano, es que se ha producido una desconexión con esa conciencia de ser mortales y que ya no encontramos respuestas al qué soy: "Los anuncios nos dan una medida de lo que debemos hacer con nuestras vidas, bastante más pobres. Vivimos en una sociedad de consumo en el que para ser feliz siempre nos falta algo. Algo que necesitamos comprar. Y en la búsqueda de esa felicidad esta sociedad ha eliminado la primera certeza obvia de que somos mortales, haciendo desaparecer la muerte de la vida, convirtiéndola en un tema del que no se habla".

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