¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

La llamada de la historia

Carlos Fuentes

Muchos creen que soy mexicano, y aunque esa puede ser una gran verdad, en realidad nací en Panamá, donde mi padre representaba a México como diplomático.

Así que, siendo hijo así, ya pueden imaginar que mi infancia transcurrió por distintos lugares, no teniendo una residencia fija hasta los dieciséis años. La vida de este hombre que les habla siendo niño fue una vida rodeada de intelectualidad, rodeada de idiomas distintos, de lugares diferentes, mi infancia fue la mejor de las escuelas.

Aunque los estudios serios llegaron también después, los de título. Primero Historia y Geografía de mi país, de México, y luego Derecho. Y de nuevo, los viajes. Hasta Suiza me fui para ampliar mis estudios.

Enseguida llegaron los primeros cuentos, y durante los años sesenta mi vida transcurrió entre París, Venecia, Londres y México, claro. Para entonces, ya era un hombre de letras. No les digo más que me convertí en miembro del Colegio Nacional y fui presentado por Octavio Paz…

Mi vida estuvo siempre vinculada a las letras que escribía y a los lugares donde vivía, siempre en calidad de representante, como hijo primero y luego como yo mismo, cuando fui embajador de México en Francia, cargo al que renuncié cuando otro movimiento político se produjo. No sé si lo hice bien o mal, porque mis apoyos a unos y mis críticas a otros políticos de mi país me situaron siempre en distintas bocas y con diferentes posiciones, pero desde luego que mi proyecto vital como escritor y como diplomático fue siempre estudiar y dar a conocer mi país con todo lo que eso conlleva. . No dejaba de ser un joven perteneciente a una generación que se enfrentaba a un sistema de valores sociales que ya no le pertenecía.

Es México un lugar con fuerte pasado, con una condición mestiza que va impregnada en nuestra cultura y con una herencia prehispánica pero también con una buena herencia suya, la española. Partiendo de todas estas premisas, no podía ser un país fácil. Traté siempre de rescatar nuestra propia historia para reflexionarla después, porque la sociedad mexicana merecía conocerse para conocer así su problemática en cada uno de los momentos de su propia historia. Todo ello para poder hablar acerca de la identidad.

Carlos Fuentes

Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos.

Hemos hablado de los años sesenta, cuando mi vida transcurrió recorriendo el mundo mientras seguía publicando novelas, siempre de manera, digamos, experimental, alejándome de manera evidente de las viejas costumbres de la narrativa mexicana, muy fieles a lo que se cuenta, muy poco investigadas, muy costumbrista. Los recursos, mis propias herramientas, las fui componiendo a raíz de las lecturas de otros como James Joyce o William Faulkner.

Se me había olvidado (y lo he recordado al hablar de otros) que fui también profesor. De literatura, claro, en distintas universidades mexicanas pero también de otros países. Así que fui un poco de todo: narrador, ensayista, profesor, diplomático…

Mis primeras novelas me dejaron muy bien situado a nivel internacional y recogí aquellos frutos en los años 80, cuando empezaron a llegar los premios. No voy a narrarlos todos, pero en el 87 se me otorgó en Cervantes, por ejemplo. El Príncipe de Asturias de las Letras fue ya en los años noventa, en el 94 exactamente. Llegaron más, condecoraciones, premios, reconocimientos, prestigio en definitiva. Muchos hablaban de mí como un candidato claro al Nobel de Literatura. Y me vi obligado a responder:

Cuando se lo dieron a García Márquez me lo dieron a mí, dije, a mi generación, a la novela latinoamericana que nosotros representamos en un momento dado. De manera que yo me doy por premiado.

Al conjunto de mis escritos, o más bien a una parte de ellos, les puse nombre: La edad del tiempo. Y esto fue una pretensión: la de una reflexión constante sobre la historia y la política de México, de sobre nuestros orígenes y cultura, sobre nosotros en definitiva. Aunque escribí otro tipo de cuentos y novelas que quedaron fuera de este marco, sin catalogar, podríamos decir.

Nací como les decía en Panamá, pero soy mexicano, y allí precisamente estuvo mi final. Cierto es que mis restos reposan en París, y que todo tiene el orden que debe…El de una vida vinculada totalmente a mis raíces pero con una visión ampliada gracias a las vueltas que me di por el mundo.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?