El fin del 'Niño Sáez', un delincuente abatido por la fama

El periodista de 'El País' Francisco Javier Barroso y el inspector jefe de Policía Nacional Carlos del Valle explican las causas por las que asesinaron al famoso butronero

Parte de la escena del crimen donde Francisco Javier Martín Sáez, conocido como el histórico alunicero y butronero 'Niño Sáez', fue asesinado a tiros en el distrito madrileño de Latina. / ()

Javier Martín Sáez, uno de los butroneros más conocidos, murió tiroteado el pasado sábado en pleno barrio de La Latina de Madrid. Un delincuente que a sus 36 años había levantado toda una banda que podía permitirse el vivir cómodamente a costa de sus grandes robos. Sin embargo, su carrera delictiva fue complicándose en el momento en el que entró en el terreno del narcotráfico. En Hoy por hoycon Gemma Nierga hemos conocido la figura de este hombre, conocido como "El niño Sáez" junto al periodista de sucesos Francisco Javier Barroso de El País y el inspector jefe de Policía Nacional, Carlos del Valle.

Barroso ha puesto a los oyentes en contexto. "Era una persona muy complicada", comenzaba. "Lo más fundamental en su historia delictiva es que ya estaba empezando a mover drogas", decía, explicando la causa que le hizo caer, porque entrar en el negocio de las drogas no se le permitía jugar sucio, como había hecho anteriormente. "Si no pagas, te pegan dos tiros, te matan y se acabó el problema", ejemplificaba el periodista.

El niño Sáez acumulaba un total de 40 detenciones de la Policía Nacional. Del Valle anotaba que la fama que había obtenido jugó en su contra porque le puso "en el centro de atención para otros delincuentes". "El hecho de que pueda haber un ajuste de cuentas de este tipo es relativamente normal", explicaba. El inspector sostenía que en la mayoría de los casos "no saben retirarse a tiempo", porque adquieren una notoriedad adictiva que les hace cruzar la raya hacia el tráfico de drogas hasta que llega su fin. "Siempre vuelven al barrio donde se sienten los reyes porque en otros ambientes no llegan a cuajar", decía.

Además de haberse sumergido en otro tipo de negocios, en los últimos años, el delincuente, según apuntaba Barroso, había adquirido una gran forma física, al igual que sus seguidores, y por lo que "daba mucho miedo". El inspector señalaba además que"el centro neurálgico de los delincuentes es el gimnasio", ya que este espacio se convierte en un lugar donde, además de cultivar su cuerpo, pueden conseguir anabolizantes ilegales y relacionarse.

Barroso sabía donde vivía, pero no quiso acercarse por precaución. Sin embargo, el inspector sí que compartió algunos minutos frente a él en alguna ocasión. "Es un butronero más", decía. "No tienen problema en contarte lo que han hecho porque les hemos visto crecer", añadía. La relación es tal entre el cuerpo de policía y los delincuentes que conocen sus nombres, sus apodos y se tratan con "cordialidad" y lamentaba que tras él aún estén creciendo otros delincuentes desde jóvenes, siguiendo todos una parecida trayectoria. "Lo que realmente les mata es la fama", concluía.

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