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LA COLUMNA

La realidad

Yo diría que el problema del PSOE no es Sánchez, sino unos dirigentes incapaces de interpretar el pensamiento y los sentimientos de sus compañeros

A veces el destino es clemente con los perdedores, aunque el precio de su piedad sea muy alto. El atentado de Manchester y el gran momento escénico de Puigdemont han corrido un compasivo velo sobre la derrota de Susana Díaz. Lo que hace sólo unos días se presentaba como el acontecimiento decisivo para la viabilidad del Estado, parece ya tan rancio como un yogur caducado.

A riesgo de parecer anacrónica, quiero manifestar mi estupor por la sorpresa que ha provocado una victoria que estaba cantada desde que se publicaron los avales. Yo diría que el problema del PSOE no es Sánchez, sino unos dirigentes incapaces de interpretar el pensamiento y los sentimientos de sus compañeros. Que se cante la Internacional en una sede socialista no es una monstruosidad, sino algo normal. Como es normal que los militantes sean los dueños de este o cualquier otro partido, aunque la airada indignación de muchos medios sugiriera que el PSOE es patrimonio nacional. No es verdad. Tampoco es cierto que se pueda equiparar la victoria de Sánchez con las que han producido otras primarias socialistas europeas. Los españoles seguimos yendo a contracorriente, y la innovación política no es aquí la pujanza de la extrema derecha, sino el inesperado éxito de un partido de izquierdas cuya irrupción dibuja un panorama incomparable con la situación francesa o británica. Lenin, campeón mundial del análisis político de todos los tiempos, decía que la primera misión de un revolucionario es comprender la realidad. Sus palabras siguen vigentes hoy hasta para los contrarrevolucionarios.

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