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CRONOVISOR XV

¿Quién fue Fulcanelli?

Un misterio en toda regla es que un libro lleve publicándose en España de manera ininterrumpida desde hace medio siglo. Pero si, además, la obra es un oscuro tratado de alquimia el enigma se hace ya insondable. Me refiero a El misterio de las catedrales, una obra traducida a nuestro idioma en 1967.

El misterio de las catedrales se publicó originariamente en Francia en 1926, en una edición limitada de 300 copias que se vendieron al astronómico precio de 100 francos el ejemplar. Por alguna razón desconocida, su autor decidió esconderse tras un pseudónimo, Fulcanelli, y dedicó su obra a un colectivo no menos anónimo a los que llamó los “Hermanos de Heliópolis”. Tal vez su prudencia tenía que ver con lo que había descubierto en la fachada de Notre Dame de París: todas las imágenes de su fachada debían entenderse como una guía de piedra para conseguir la Gran Obra alquímica. La obtención de la Piedra Filosofal. De hecho, siguiendo su pasión por los juegos de palabras, por lo que él llamaba cábala fonética, aseguraba que el arte gótico –art goth en francés- era precisamente eso: un argot, una lengua para iniciados, que escondía el tremendo secreto del dominio de la materia.

Es extraño que no se sepa casi nada de la génesis de esta obra. Tan solo que se incubó en los bulevares de París de los años 20, alrededor de un grupo de pintores bohemios, esoteristas de gran cultura y libreros. Algunos, como el filósofo alsaciano René Schwaller de Lubicz, gran conocedor de Egipto, estaban profundamente interesados por la naciente física de los átomos. Otros, como el pintor Julien Champagne, por la obtención del oro alquímico. Precisamente Champagne pintó las 36 láminas originales del libro. Murió en 1932 sin haber conseguido sus sueños, pero no son pocos los que creen que él fue el redactor de El misterio de las catedrales y de su secuela Las moradas filosofales. Y también que se disfrazó tras un pseudónimo para que la atención del lector se centrara sobre la obra y no sobre su autor.

Ahora bien, ¿se han preguntado qué significa exactamente Fulcanelli? La última y más ingeniosa hipótesis para resolver este enigma apuesta porque se trataba de un anagrama. Con las letras de Fulcanelli se puede armar una misteriosa frase en francés: “L’Écu final”. “El escudo final”. Y se da la particular circunstancia de que en la edición original del libro de 1926 –y no en las traducciones como ésta-, figura un escudo con otra misteriosa frase: UBER CAMPA AGNA. Qué curioso que el nombre completo de Julien Champagne fuera Julien Hubert Champagne. UBER CAMPA AGNA. Cábala fonética.

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