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PALMERAS SALVAJES

Diplomacia y saludos

Gracias a los gestos personales que se producen en las cumbres se conoce la política exterior de los países

Siempre me ha gustado mucho el modo que tienen los países monárquicos de expresar placer o disgusto con otros. Mediante invitaciones de boda. Si España está enfadada con Gran Bretaña, por ejemplo, a lo mejor envía a una infanta a una boda de ellos; si está agradecida, envía a los Reyes. Si le quiere declarar la guerra envía a Urdangarin. La cortesía funciona dependiendo del rango de la delegación. Es una forma muy sutil de diplomacia que tiene una cierta correspondencia en política.

Los servicios secretos obligan a líderes políticos a entregar su teléfono móvil personal al llegar al cargo y a entregar también el amor. Así que como no hay bodas a través de las que saber cómo están las relaciones entre países, se organizan cumbres internacionales. Gracias a los gestos personales que se producen en esas cumbres, se conoce la política exterior de los países. Por ejemplo, visto el manotazo que le dio Trump al primer ministro de Montenegro, es probable que Estados Unidos vaya a bombardear ese país de un momento a otro.

Yo por ejemplo no sabía que en los saludos hay una figura activa y una figura pasiva. Soy muy distraído, yo soy de los que se deja hacer en los saludos y en el amor. Trump saluda estirando mucho el brazo y manteniendo la mano del otro fuertemente apretada y dejándole a él el brazo encogido. Pero Macron se adelanta y no le deja desenfundar: estira el brazo y se produce una lucha con sonrisitas forzadas en la que Trump de repente se ve con el bracito encogido como un líder de segundo nivel.

Los saludos tienen una importancia muy futbolística, en el sentido de que provocan emociones entre el público. En España hay que recordar que el ministro Piqué recibió a Bush al pie de la escalerilla del avión haciendo reverencias. En muchas ocasiones los dirigentes deciden qué posición ocupan sus paises respecto a otros según su lenguaje gestual. Por eso el saludo de Macron, en lugar de interpretarse como un intento de relación entre iguales, ha sido visto por muchos como una provocación. Como si ante Estados Unidos lo que no sea sumisión sea desafío.

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