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CRONOVISOR XVI

René Adolf Schwaller de Lubicz

Nacido en Alsacia, René Adolf Schwaller (1887-1961) era hijo de un farmacéutico de Estrasburgo. Tras continuar con la tradición familiar en el campo de la química, se adentró en el mundo del esoterismo uniéndose a la Sociedad Teosófica, institución en la que ingresa en 1913.

Iniciado en el mundo del hermetismo y del conocimiento secreto, adopta el nombre de Aor pasando también a ser conocido en 1919 como René Adolf Schwaller de Lubicz, apellido que tomará de su gran amigo, el también iniciado y poeta lituano Oscar Wenceslas de Lubicz-Mislosz (1877-1939).

Casado con Martha (también conocida como Isha), Schwaller de Lubicz se convierte en poco tiempo en uno de los personajes más conocidos y reputados en el campo del hermetismo egipcio y pagano.

Tras un paso fugaz por Palma de Mallorca en donde estudió los documentos alquímicos de Raimundo Llull, Schwaller de Lubicz marchó en 1936 a Luxor (Egipto) huyendo de la Guerra Civil española.

La esposa de Schwaller de Lubicz, Isha, cierto día que descansaba al pie de una mastaba tuvo una revelación según la cual fue capaz de reinterpretar signos jeroglíficos y textos hasta entonces no descifrados. Isha había estudiado egiptología en Francia. Ayudados por el nuevo método de interpretación, el matrimonio y la hija de ambos, Lucy, pasaron temporadas en Egipto desde 1939 hasta 1952, trabajando especialmente en el templo de Luxor.

Éste es quizás uno de los monumentos más hermosos de la antigua capital de Tebas. Se encuentra muy cerca del hotel Winter Palace. El templo de Luxor está identificado al culto de Amón y a los rituales llevados a cabo en la fiesta de Opet, la fiesta de Año Nuevo, hacia nuestro 15 de junio. En este día la estrella Sirio aparece por el horizonte al amanecer, anunciando el momento de la crecida del Nilo.

La parte más antigua del templo es de la dinastía XII (ca. 2000 a. de C.). Tiempo después, durante la dinastía XVIII, el faraón Amenofis III (1417-1379 a. de C.) y ya en la XIX el célebre Ramsés II (1298-1232 a. de C.) ampliaron y reformaron el antiguo santuario, confiriéndole el aspecto que tiene en la actualidad.

En el año 1989 un grupo de arqueólogos egipcios descubrió en el patio de Amenofis III un escondite de estatuas reales, hoy expuestas en el cercano Museo de Luxor. Son también muy importantes los relieves que rodean a la capilla más profunda del templo, el sanctasanctórum. En ellos podemos ver ejemplos de iconografía religiosa muy valiosos como el nacimiento divino de Amenofis III después del encuentro sagrado entre su madre, la reina Mutemuia y el mismísimo dios Amón.

Pues bien, a este singular templo, con una arquitectura fascinante, Schwaller de Lubicz dedicó su obra más conocida. Efectivamente, El Templo en el hombre, es la obra cumbre de este hermetista alsaciano. Verdadero Fulcanelli de la egiptología, Schwaller de Lubicz, cuenta con una trayectoria oscura dentro del mundo de la investigación.

Este libro es el resultado de casi quince años de investigación a pie de campo en el templo de Luxor. Publicado en el año 1949 de forma independiente (continuando así uno de los trabajos de este alsaciano, el de editor), en poco tiempo se convirtió en un libro de culto, obligando su difusión a gran escala.

El libro de Schwaller de Lubicz viene a llamar la atención sobre la lectura simbólica que debemos hacer en los monumentos egipcios. Lejos de ser simples amontonamientos de piedras con una finalidad meramente práctica, el investigador alsaciano señala que los templos son entes vivos y que como tales cuentan con una serie de estructuras orgánicas. El título original en francés del libro, Le temple dans l’homme, literalmente, “el templo dentro del hombre”, ya nos está avisando del verdadero sentido de lo que nos quiere dar a entender el investigador alsaciano.

Schwaller de Lubicz es el autor de teorías tan sugerentes en el mundo de la egiptología como aquella que explica los destrozos sobre los relieves de antiguos templos. Para él no serían destrozos realizados por los sacerdotes cristianos coptos que reutilizaron los edificios, tal y como se suele entender. Schwaller de Lubicz da un giro a la interpretación y señala que bien podría ser una suerte de suicidio del santuario que llevaron a cabo los propios sacerdotes egipcios antes de abandonar sus lugares sagrados. La teoría no es gratuita. Esta hipótesis demostraría la arbitrariedad de los destrozos en algunos templos sobre cuyas paredes vemos relieves totalmente esquilmados junto a otros intactos. De haber sido obra de los coptos, es de suponer que todos ellos en igual medida deberían estar machacado.

A pesar de su trasfondo esotérico, no es extraño encontrar las obras de Schwaller de Lubicz citadas en publicaciones de corte más académico, lo que le ha convertido en un referente obligado en temáticas de simbología e interpretación iconográfica. Como es lógico al poco de aparecer El Templo en el hombre, las críticas llovieron sobre el matrimonio francés y sus arriesgados razonamientos. Sin embargo, hubo algunos egiptólogos de los denominados ortodoxos que abrazaron con entusiasmo sus ideas. Es el caso, entre otros, del también francés Alexandre Varille y del arqueólogo Clement Robichon. Ambos dieron a conocer a la comunidad científica internacional en la década de 1940, las propuestas de Schwaller de Lubicz a través de artículos publicados en el Boletín del Instituto Francés de Arqueología Oriental de El Cairo, el célebre BIFAO.

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