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LA COLUMNA

Posperiodismo

En estos tiempos que han convertido las mentiras en posverdades, debería acuñarse el término posperiodismo

Siempre nos han dicho que el desayuno es la comida más importante del día, pero desayunar ante el televisor puede convertirse en una práctica de alto riesgo. Hace un par de días, yo misma me puse en grave peligro.

Ante mis ojos, una serie de tertulianas, porque para mi disgusto eran todas mujeres, afirmaron, sin pudor alguno, que los fiscales odian a Manuel Moix porque le nombraron precisamente para poner orden en la Fiscalía. Sin aclarar a qué clase de orden se referían, añadieron que infoLibre no ha investigado nada, sino que se ha limitado a publicar una filtración de algún fiscal rencoroso, y que esa es la verdadera deslealtad. Por omisión, entendí que usar la Fiscalía Anticorrupción para proteger a los culpables en lugar de perseguirlos, no implica para estas señoras una conducta desleal con las víctimas de los corruptos, que somos todos los españoles. Según ellas, Moix es responsable, a lo sumo, de no haber avisado a sus jefes de que tenía una empresa en Panamá, como si nadie le hubiera nombrado, como si no hubiéramos oído los elogios que le dedicó Ignacio González.

Mientras se me atragantaba la tostada pensé que, en estos tiempos que han convertido las mentiras en posverdades, debería acuñarse el término posperiodismo, género que practican quienes en absoluto pretenden informar, sino elaborar un relato ficticio, complaciente con sus ideas y las de quienes les pagan. Propongo, en definitiva, un bautismo posmoderno de lo que en el siglo XX se llamaba, sencillamente, manipular a la opinión pública.

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