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HUMOR | EL REPORTE SEMANAL

Rajoy fue víctima del Síndrome del Dedo Idiota

Es el mismo fenómeno, lo recordarán, que padeció Aznar cuando eligió a Rajoy como sucesor

La votación de los presupuestos fue una cosa bastante creativa. Tanto que, en una magistral jugada política, digna del mejor Winston Churchill, hasta Rajoy votó en contra.

Hay quien dice que el presidente sufrió un golpe de calor que, durante unos segundos, le volvió populista. Incluso parece que, por un momento, estuvo a punto de rechazar su coche oficial y de prohibir los belenes.

Y, claro, los del PNV, que ya se habían gastado los 4.000 millones que le sacaron a Rajoy, blancos todos. Algunos se verían ya poniendo el Guggenheim en Wallapop.

Pero bueno, al final, todo se aclaró. Lo que pasó, al parecer, es que Rajoy fue víctima del Síndrome del Dedo Idiota, un trastorno por el cual uno quiere señalar una cosa y acaba señalando la contraria. Es el mismo fenómeno, lo recordarán, que padeció Aznar cuando eligió a Rajoy como sucesor.

Pero Rajoy no fue el único al que le patinó el dedo. También le pasó a Pablo Iglesias y a varios diputados del PSOE. Según varios expertos consultados por la SER, este problema de psicomotricidad en nuestra clase política, podría explicar los casos de corrupción. ¿Por qué? Pues porque, cuando alguien le pregunta a un político si quiere llevarse una mordida, el político siempre, insisto, siempre quiere responder no, pero se lía, dice sí y, sin saber muy cómo ni por qué, acaba con un entramado societario en paraísos fiscales.

Es por esto que ya se ha planteado que los diputados tengan que pasar un psicotécnico antes, por ejemplo, de votar sobre la independencia de Cataluña. Imagínense qué ridículo internacional si España se acaba rompiendo por un "que si yo creía que era este botón, que si yo creía que era el otro".

Y, por si fuera poco, durante la votación de los presupuestos, se rompieron dos sillas nada menos. Esto parece confirmar lo que Bruselas lleva tiempo alertando: que los políticos españoles tienen el culo muy gordo. De ahí que unos cien diputados vayan a quedarse de pie hasta que termine la legislatura o hasta que consigan recudir un 20% la grasa de los glúteos.

El caso es que ante este cúmulo de sindioses, Ana Pastor acabó declarando que el congreso no es un circo. Lo que no se sabe es si quiso decir que hay que ser más serios o que los diputados aún no tienen nivel suficiente para cobrar entrada.

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